Clubes reservados propician
las “noches prohibidas”
■ Experiencias sadomasoquistas, de dominación y azotes son parte de la tendencia clasificada por los sexólogos como BSDM.
Kamila está a punto de cumplir 24 años de edad y poco le importa que en el Metro la vean como un insecto, en lugar de la chica vestida de negro, con piercing en las cejas y mechones rojiverdes. Sólo cuando llega a la plaza de La Castellana, donde cada martes en la noche se une al grupo e intercambia los “tripeos” del día, ella siente reivindicados sus gustos, indumentarias y su filosofía de vida.
El precio que paga la estudiante de diseño para ser en Caracas “emo” (fenómeno nacido como género musical en Estados Unidos en la década de los ochenta y que hoy conforma una cultura urbana) requiere de paciencia franciscana para aguantar el trato discriminatorio y las burlas a sus espaldas.
Integrantes de una “tribu gótica” denominada Evyk, Kamila y su novio Daniel guardan para sus fiestas íntimas las ventajas que les proporciona el modo de vida cultivado en la adolescencia y que aún de adultos no olvidan. “El sexo gótico es una caja de sorpresas”, responde Daniel a la interrogante, y aclara: “No somos pervertidos ni hacemos orgías con desconocidos; pero sí tratamos de llevar el sexo a límites a los que las parejas normales no llegan”.
Para ponerlo más fácil menciona Crash, la película de David Cronenberg, cuyos personajes (Holly Hunter y James Spader) sienten una excitación sexual rayana en el morbo por los choques de los carros y sus consecuencias.
Hacerlo diferente. No hay dudas de que como pasa con la fiebre revolucionaria la onda gótica reserva sus mejores días para la adolescencia. Etiquetados por sociólogos y sus propias familias como “tribus urbanas”, el gótico considera que vive prestado en un mundo donde los valores se fueron a la alcantarilla. Cuestionan el cinismo y la hipocresía de las personas que visten traje formal: “Antes de someternos al engaño, nos hacemos a un lado; no confiamos en nadie”.
Desde la otra acera se les ve como amargados, cerrados e intratables. Una cosa distinta es cuando son jóvenes y disfrutan su intimidad grupal, y otra es como adultos, pese a que ya no lleven la indumentaria y sean más extrovertidos.
“Los góticos que vienen aquí tienen entre 25 y 35 años de edad, siguen viendo lo torcido como normal y trasladan sus gustos al sexo”, dice “Hank”, administrador del Heaven Resurrection, local pequeño y oscuro en Sabana Grande, con derecho de admisión, “para evitar el ingreso de imprudentes”.
A lo que “Hank” (apodo de un hombre con nombre y apellido criollos) se refiere es a las escenas de vampirismo, necrofilia, sumisión y sexo grupal. “Por eso exigimos exclusividad”.
“La panoplia que surte el sexo gótico está clasificada dentro de lo que se conoce como parafilia bondage o BSMD (disciplina, dominación, sumisión y sadomasoquismo), y a la que esta gente que prefiere el lado pesimista de la vida le añade trajes de cuero y objetos”, indica el psicólogo Héctor García, familiarizado con esa “subcultura” por haber tratado a pacientes con tendencias góticas y dark.
García afirma que la fascinación de los góticos por lo tétrico y prohibido la marca de identidad es visto como “un tabú disturbante por familiares y el resto de la sociedad, cuando se trata de una forma más de rebelión”. Ahora bien, en el sexo sí son de cuidar: exploran sensaciones límites, como el uso de cadenas, inserción de objetos en ano y vagina o azotes para la excitación general.
Encerrados con el sexo. “Hank” revela que una minoría de los que acuden al local es heterosexual “porque esto es más un sitio para bisexuales, gays y lesbianas”. El psicólogo García rescata el grado de hermandad de los góticos para explicar el disfrute de sensaciones y emociones extremas, “que a veces corre parejo con el peligro”. “Una cosa es el gótico adolescente, malhumorado y sombrío, y otra el gótico adulto, consciente de sus actos y de sus tendencias sexuales”.
Para “Hank”, las noches se reducen a puestas en escena, con fondo musical del llamado rock gótico o death rock.
Sonidos de Gothic Metal, EBM, Synthpop, Doom Metal.
Música de Therion, Haggard y Teatre of Tragedy sirven de cortina, mientras alguna chica es “crucificada” (colgada) y hombres y mujeres la acarician; otras veces, un hombre deja que hagan con su cuerpo todo tipo de experimentaciones: lo aprietan con pinzas, lo atraviesan con alfileres o se deja introducir objetos. Todo eso, según “Hank”, bajo los efluvios del alcohol “porque no aceptamos drogas prohibidas”.
El administrador de Heaven Resurrection admite que hay otros clubes en Caracas para el sexo gótico. Pero el intento por contactarlos es infructuoso: no desean que se hable de sus asuntos. Se refieren, relata “Hank”, a actos más atrevidos y excitantes. Es su forma de hallar el límite del placer sexual, si es que en verdad este existe. O como decía el personaje en el filme de Cronenberg: “La destrucción del cuerpo nos acerca al placer”.
Por: ELIZABETH ARAUJO
Salud | Sexo
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