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JON LEE ANDERSON: El Poder y la Torre David

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El edificio es una cuña blanca y delgada que se eleva ciento setenta pies como un mástil hacia el cielo.



El edificio es una cuña blanca y delgada que se eleva ciento setenta pies como un mástil hacia el cielo.
El edificio es una cuña blanca y delgada que se eleva ciento setenta pies como un mástil hacia el cielo.

“Después de décadas
de abandono
..”

 

Desde el primer triunfo de Hugo Chávez, hace 14 años, Jon Lee Anderson ha seguido de cerca el proceso político venezolano a través de dos perfiles del Presidente Hugo Chávez en la revista The New Yorker, de la cual es periodista de planta. El propio Chávez reconoció lo riguroso de su trabajo y lo calificó como un “amigo crítico” del proceso. La crónica que a continuación presentamos fue publicada en inglés en The New Yorker en la edición del 21 al 28 de enero de 2013. En ella, Anderson se adentra en la crisis urbana actual de Caracas. El resultado es una de las imágenes más controvertidas del proceso revolucionario y, a la vez, un balance del posible legado de Hugo Chávez. Es una reflexión constructiva e imprescindible, pero a la vez crítica y severa, sobre nuestro país y su futuro.

Es apropiado que Chávez haya escogido Cuba como el mejor lugar para recuperarse, ya que el país ha sido un segundo hogar para él durante mucho tiempo. En noviembre de 1999, Fidel Castro lo invitó a dar una charla magistral en la Universidad de La Habana. Chávez, un ex-paracaidista militar, se había convertido en presidente de Venezuela apenas nueve meses antes, pero ya contaba con una audiencia embelesada, incluyendo a Castro, a su hermano menor Raúl y a otros altos cargos del buró político de Cuba. El discurso de Chávez estuvo lleno de expresiones de buena voluntad hacia Cuba y elogió a Castro, a quien llamó “hermano”. Era imposible pasar por alto las implicaciones de su visita. Desde el fin del subsidio soviético, ocho años antes, Cuba luchaba por sostenerse y Venezuela era una nación rica en petróleo. Chávez había viajado con una delegación de la empresa petrolera nacional. El presidente, ya en ese entonces un orador expansivo, habló durante noventa minutos, y Castro sonrió atentamente todo ese tiempo. El hombre que estaba a mi lado susurró que nunca había visto a Fidel mostrar tanto respeto por otro líder.

Esa noche, una multitud llenó el Estadio Nacional de Béisbol de La Habana en ocasión de un partido amistoso entre jugadores veteranos de las dos naciones. El ambiente era festivo. Chávez pichó y bateó para Venezuela, jugando las nueve entradas. Castro, vestido con una chaqueta de béisbol sobre su uniforme de faena militar, fue el mánager de Cuba y aprovechó para darle a su huésped una lección en tácticas: a medida que el juego avanzaba, Castro infiltró jóvenes impostores al campo de juego, disfrazados con barbas postizas que luego se arrancaron, desencadenando aplausos y risas en la audiencia. Al final del juego Cuba ganaba cinco a cuatro pero, como declaró Chávez, “tanto Cuba como Venezuela han ganado. Esto profundizó nuestra amistad”.

Antes de que pasara mucho tiempo, Cuba empezó a recibir envíos de petróleo venezolano a menores precios, a cambio de los servicios de docentes, médicos e instructores deportivos cubanos que trabajaron en un enorme programa de alivio de la pobreza lanzado por Chávez. Desde el año 2001, decenas de miles de médicos cubanos han proporcionado tratamiento a los pobres de Venezuela, y personas con enfermedades de la vista han recibido atención médica en Cuba, en el marco de un programa que Chávez llamó, con su típica grandiosidad, Misión Milagro.

Como parte no escrita del acuerdo, Chávez también adquirió una ideología. Desde el principio él era un ferviente discípulo de Simón Bolívar, libertador de Venezuela y su máximo héroe nacional. Poco después de haber asumido el poder, Chávez cambió el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela. Bolívar era un modelo complicado: fue un luchador carismático por la libertad, cuyas sangrientas campañas liberaron a gran parte de América del Sur de la España colonial. Pero, a pesar de ser admirador de la Revolución Americana, Bolívar era mucho más un autócrata que un demócrata. Para Chávez, Castro era el Bolívar de los tiempos modernos, el actual guardián de la lucha antiimperialista. En 2005, después de un largo período de estudio y reflexión, Chávez anunció que había decidido que el socialismo era la mejor propuesta de progreso para la región. En sólo unos pocos años, con sus miles de millones en petróleo y guiado por Castro, Chávez resucitó el discurso y el espíritu de la revolución izquierdista en América Latina. Él transformaría Venezuela en lo que llamó, en su discurso en la Universidad de La Habana, “un mar de felicidad y de verdadera justicia social y paz”. Su máximo objetivo fue elevar a los pobres. En Caracas, la capital del país, los resultados de esta irregular campaña están a la vista de todos.

*

Los colonizadores españoles que fundaron Caracas en el siglo XVI lo hicieron con cuidado: situaron la ciudad en las montañas, en vez de la cercana costa del Caribe, para protegerla de piratas ingleses y de los indios que merodeaban. Actualmente, la costa ubicada a diez millas de distancia de la ciudad es accesible por una carretera escarpada entre las montañas construida por órdenes del fallecido dictador militar Marcos Pérez Jiménez, quien dominó el país durante la década de los cincuenta. De cruel carácter y ampliamente odiado en su país, Pérez Jiménez fue derrocado después de sólo seis años como Presidente, pero dejó tras de sí un impresionante legado de obras públicas: edificios gubernamentales, proyectos de vivienda pública, túneles, puentes, parques y carreteras. En las décadas siguientes, mientras las dictaduras molestaban a gran parte de América Latina, Venezuela resultó ser una democracia dinámica y generalmente estable. Siendo una de las naciones petroleras más ricas del mundo, el país tuvo una creciente clase media con un nivel increíblemente alto de vida. También fue un firme aliado de EE.UU.: los Rockefellers tenían campos petroleros en Venezuela, así como grandes ranchos donde sus familiares montaban a caballo con amigos venezolanos.

La perspectiva de una buena vida en Venezuela atrajo a cientos de miles de inmigrantes del resto de América Latina y de Europa, quienes ayudaron a darle a Caracas la reputación de ser una de las ciudades más atractivas y modernas de la región. Tenía una espléndida universidad —la Universidad Central de Venezuela—, un museo de arte moderno de primer orden, un elegante Country Club, una serie de buenos hoteles y exquisitas playas. A finales de los años setenta, cuando las mujeres venezolanas se convirtieron en perennes ganadoras del concurso de Miss Universo, la mayoría de los latinoamericanos consideraban al país como un lugar hermoso para gente hermosa. Incluso su criminal más infame, el terrorista marxista Illich Ramírez Sánchez (Carlos El Chacal), fue un todo un dandy, con un gusto por los pañuelos de seda y el whiskey Johnnie Walker. En 1983, en lo que puede haber sido la cúspide del encanto de Caracas, fue inaugurada la primera línea del Metro y el Teresa Carreño, un complejo teatral de clase mundial.

Esa ciudad apenas puede percibirse hoy. Después de décadas de abandono, pobreza, corrupción y agitación social, Caracas se ha deteriorado muchísimo. Tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo: el año pasado, en una ciudad de tres millones de habitantes, se estima que tres mil seiscientas personas fueron asesinadas, cifra que equivale a una muerte cada dos horas. La tasa de homicidios en Venezuela se ha triplicado desde que Chávez asumió el poder. De hecho, el crimen violento (o la amenaza de que suceda) es probablemente el carácter definitorio de Caracas, tan ineludible como el clima, que generalmente es maravilloso, y el terrible tráfico, con autos atascados durante horas en las calles día tras día. Vendedores deambulan a través del embotellamiento, vendiendo juguetes, insecticidas y DVDs piratas, mientras que los drogadictos lavan los parabrisas o hacen malabares a cambio de monedas. Se observan fachadas enteras cubiertas de graffitis y con basura amontonada en las vías. El río Guaire, su cauce a lo largo de toda la ciudad, es un torrente gris de agua maloliente. A lo largo de sus riberas viven cientos de personas sin hogar, indigentes —en su mayoría adictos a las drogas— y enfermos mentales. Los barrios más ricos de Caracas son enclaves fortificados, protegidos por muros de seguridad con alambre electrificado. En las entradas de las urbanizaciones, guardias armados permanecen en vigilia tras un vidrio oscuro.

Caracas es una ciudad fallida y la Torre de David es quizás el símbolo más importante de ese fracaso. La torre es un zigurat de espejos de vidrio coronado por un gran eje vertical, que se eleva a cuarenta y cinco pisos por encima de la ciudad. La principal característica del complejo de rascacielos de Confinanzas, que incluye otra torre de dieciocho pisos y un estacionamiento elevado, es su visibilidad desde cualquier punto de Caracas, que sigue siendo mayormente una ciudad de edificios modestos. El vecindario que rodea al edificio es típico: una ladera cuadriculada de casas y comercios de uno o dos pisos que se disipan a pocas cuadras de las faldas del cerro El Ávila, un montaña selvática que forma un dramático muro verde entre Caracas y el Mar Caribe.

La torre ha sido nombrada en honor a David Brillembourg, un banquero que hizo fortuna durante el boom petrolero de Venezuela en los años setenta. En 1990, Brillembourg se lanzó a la construcción de un complejo que esperaba convertirse en la respuesta venezolana a Wall Street. Sin embargo, Brillembourg murió en 1993, mientras el complejo seguía en construcción, y poco después de su muerte una crisis bancaria acabó con un tercio de la instituciones financieras del país. La construcción, completada en un sesenta por ciento, se detuvo y nunca fue reanudada.

Vista desde la distancia, la Torre no da indicio alguno de sus problemas. De cerca, sin embargo, las irregularidades en su fachada son claramente evidentes. Hay partes donde los paneles de vidrio se han perdido y los agujeros han sido rellenados; en otras partes de la fachada, las antenas parabólicas y satelitales se asoman como hongos. En los costados no hay paneles de vidrio en absoluto. El complejo es un coloso de hormigón sin terminar —en el que habitan personas. Casas de ladrillo mal ensambladas, similares a las que cubren los cerros alrededor de Caracas como costras, han llenado los espacios vacíos dentro de muchos de los pisos. Sólo las plantas superiores están abiertas al cielo, como plataformas de un gran pastel de bodas. El decano de Arquitectura de la Universidad Central, Guillermo Barrios, me dijo: “Todo régimen tiene su impronta arquitectónica, su icono, y no tengo duda de que la imagen arquitectónica de este régimen es la Torre de David. Encarna la política urbana de este régimen, que puede definirse por la confiscación y expropiación, por la incapacidad gubernamental y el uso de la violencia”. La Torre, construida como una muestra de la eminencia del país, se ha convertido en el barrio alto del mundo.

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Cuando Chávez asumió el poder en 1999, el centro de la ciudad ya estaba descuidado y en franca decadencia, y la torre había caído bajo custodia del Fondo de Garantías de Depósitos. Cuando el gobierno trató de venderla mediante subasta pública en el 2001 nadie ofertó y el plan que existía para convertirla en la nueva sede de la Alcaldía fue abandonado. Finalmente, una noche de octubre del 2007, varios cientos de hombres, mujeres y niños, dirigidos por un grupo de duros y decididos exconvictos, invadieron la torre y acamparon allí. Una mujer que fue parte de la invasión me dijo: “Entramos como si fuera una cueva. Parecíamos cochinos, todos ahí juntos. Abrimos la puerta y desde ese día hemos estado viviendo aquí”. Estaba asustada, pero sentía que no tenía otra opción. “Todos buscaban un techo sobre sus cabezas porque nadie tenía donde vivir. Y era una solución”. Muchos más los siguieron. Los líderes de la invasión comenzaron a vender el derecho de entrada a los recién llegados, en su mayoría personas pobres de las barriadas de Caracas que deseaban cambiar las laderas fangosas por el centro citadino.

Hoy en día, la torre es el emblema de una tendencia de la era Chávez: la “invasión” organizada de edificios desocupados por grupos grandes de ocupantes ilegales. Cientos de edificios han sido invadidos desde que el fenómeno se inició en 2003: bloques de apartamentos, torres de oficinas, almacenes, centros comerciales. Cerca de ciento cincuenta edificios en Caracas están ocupados por invasores. La Torre de David alberga un estimado de tres mil personas, llenando la torre más pequeña por completo y la más alta hasta el piso veintiocho. Jóvenes motociclistas operan una línea de “mototaxistas” para los residentes de los pisos más altos, llevándolos desde la planta baja hasta el décimo piso del estacionamiento adjunto, desde donde pueden ascender por unas rudimentarias escaleras de concreto. Para quienes viven por encima del décimo piso, es un largo camino hasta el tope.

En un reciente viaje a Caracas, le pedí a un taxista que me dejara en frente de la Torre de David y me contestó con una mirada de asombro. “No vas a entrar allí, ¿verdad? “, dijo, “¡De ahí sale todo el mal de esta ciudad!”. La Torre se ha ganado el dudoso honor de ser un centro criminal, alimentado por los relatos de la prensa que presenta al lugar como un refugio para delincuentes, asesinos y secuestradores. Para muchos caraqueños, la Torre es sinónimo de todo lo que está mal en su sociedad: una comunidad de invasores que habitan en medio de la ciudad, controlada por pandilleros armados con el consentimiento tácito del gobierno de Chávez.

El jefe de la Torre es un excriminal convertido en pastor evangélico, llamado Alexánder “El Niño” Daza. Un ardiente partidario de Chávez que aceptó reunirse conmigo sólo después de que un intermediario le aseguró que era políticamente aceptable. Cuando llegué a la entrada principal de la Torre había mujeres dentro de una cabina de seguridad que operaban una puerta controlada electrónicamente. Me pidieron una identificación y que firmara un registro, permitiéndome pasar sólo porque era un invitado de Daza. Daza me esperaba en el atrio, un espacio de concreto al aire libre entre los dos edificios principales. Una música ensordecedora salía de un par de altavoces grandes justo en la puerta de entrada a la “iglesia” de Daza, una habitación ubicada en la planta baja donde predica los domingos. Según contaba, se había convertido o “renacido” estando en prisión. De baja estatura, cuerpo fornido y cara de niño, tiene treinta y ocho años pero luce mucho más joven.

Nos sentamos en un muro pequeño para hablar pero, con los altavoces a todo volumen, Daza era prácticamente inaudible. No habló de la Torre, su comunidad ni de su papel como una figura de autoridad. En su lugar, haciendo eco del lenguaje de los funcionarios del gobierno, se quejó de que los “medios de comunicación privados” siempre buscaban la manera de distorsionar la verdad, hacer daño a “la causa de la gente” y de “dañar a Chávez”. Durante mi experiencia reportando sobre Chávez, he llegado a pasar una buena cantidad de tiempo con él, y cuando le dije esto a Daza me miró con cautelosa impresión. Después de un rato, se relajó considerablemente, señalándome a su esposa, una bonita joven llamada Gina, mientras caminaba junto a nosotros con un niño.

Gran parte de la vida comunitaria de la Torre estaba fuera de nuestra vista, por encima de nosotros, pero algunos de los apartamentos de los niveles más bajo estaban al pie del atrio. Había ropa tendida en balcones por terminar y en algunas antenas. También pueden verse signos de la lealtad política imperante. En las últimas elecciones, Daza hizo todo lo posible para que la Torre de David fuese una base de apoyo para Chávez y colgó una pancarta grande y roja en su honor.

Daza protestó por las historias sobre la Torre que la denunciaban como centro de crimen y a él como un criminal. Él y su gente se hicieron cargo de algo que estaba “muerto” y “le dimos vida”, dijo: “La rescatamos con la visión de vivir aquí en armonía”. Ésta fue una opinión minoritaria. Guillermo Barrios, el Decano de Arquitectura, me dijo: “La Torre de David no era un bello ejemplo de la autodeterminación de una comunidad sino una invasión violenta”. Describió a Daza como un malandro, como el tipo de oportunista matón que ha llegado a tipificar la vida urbana en Venezuela, con la apariencia de un pastor. “Es el líder de un grupo de invasores que vende la entrada al edificio, un ejemplo del más salvaje capitalismo”, dijo. “Se arropa en la religiosidad, pero hay un grupo violento detrás de él que le permite llevar a cabo sus acciones”.

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Chávez ganó la reelección en octubre, y en las semanas siguientes la ciudad tenía una atmósfera de incertidumbre. El presidente de cincuenta y ocho años había estado recibiendo tratamiento para el cáncer desde junio ​​del 2011, pero se declaró a sí mismo lo suficientemente sano como para competir para gobernar otros seis años más. Libró una dura campaña en contra de su oponente Henrique Capriles Radonski, un atlético abogado de cuarenta años que representó la centro derecha y ganó por un respetable margen de once puntos. Sin embargo, desde su discurso de victoria, no había aparecido en público.

En noviembre, uno de los funcionarios de Chávez me dijo: “El Presidente se está recuperando de una agotadora campaña”. Un par de semanas más tarde, Chávez viajó a Cuba para un chequeo médico y poco después regresó a Caracas y anunció que sus médicos le habían detectado nuevas células cancerígenas. Sentado junto a su vicepresidente, Nicolás Maduro, dijo: “Si algo me llegara a suceder… elijan a Nicolás Maduro”.

Chávez me dijo una vez que Castro le había advertido públicamente que debía mejorar su seguridad, diciendo: “Sin este hombre, esta revolución se acabará de inmediato”. A los ojos de Chávez, esto ponía demasiada importancia en él. Pero en la medida en que su revolución ha avanzado, lo ha hecho arrastrada por su personalidad: el lograba que las cosas pasaran cuando estaba físicamente presente pero, apartando esto, su administración era caótica y desordenada.

Chávez consolidó su educación ideológica estando en prisión. Fue encarcelado en 1992, por liderar un fallido Golpe de Estado Militar contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Mientras cumplía su condena, llamó a Jorge Giordani (un profesor marxista de economía y planificación social de la Universidad Central) para que le diera clases. “El plan era que Chávez escribiera una tesis sobre cómo convertir su movimiento bolivariano en un gobierno”, me dijo Giordani en el 2001, cuando servía como Ministro de Planificación de Chávez. Se echó a reír: “Nunca terminó la tesis. Cada vez que le pregunto por eso, sólo me dice: ‘Eso es lo que estamos haciendo ahora: llevar la teoría a la práctica’”.

Giordani me mostró los planes de uno de sus proyectos revolucionarios. “Queremos deshacernos de las favelas y repoblar el campo”, dijo. Por lo que Chávez y él habían mandado al ejército al centro no desarrollado del país para comenzar a construir “comunidades agroindustriales autosostenibles” o SARAOs, que a su juicio se convertirían en pequeñas ciudades. Reconoció que era una idea utópica, “pero en la planificación social uno debe moverse entre la utopía y la realidad”. Al final, los SARAOs fueron engavetados y los barrios crecieron en su lugar. Era típico del gobierno ad hoc de Chávez. Una vez en el set de “Aló Presidente” (su programa de televisión exento de forma), lo vi lanzar un importante programa de expropiaciones de grandes fincas que serían entregadas a los campesinos. Hizo el anuncio con gran cordialidad, a lo cual le siguió un comentario, jugada por jugada, de un partido de voleibol.

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Cuando llegué a Caracas en noviembre tenía casi cuatro años sin volver, y la ciudad se veía más inmunda y desgastada que nunca, aunque se mantenía llena de carteles y pancartas en las que el gobierno se felicitaba a sí mismo por diversos logros. Se mostraba a Chávez en gigantescas vallas abrazando con cariño a ancianas y niños. Por todas partes había carteles sobrantes de la última campaña electoral, en las paredes, en postes de electricidad, puentes y carreteras. Había grafitis políticos de ambos bandos y salpicones de pintura en los lugares donde un partido había tratado de sabotear la propaganda del otro.

La polarización es lo que ha definido la era chavista. Son raras las cuestiones de la vida pública que no sean batalladas y discutidas amargamente. Esto se extiende a la Torre de David: todas las personas que conocí tenían una opinión al respecto. Un amigo periodista, Boris Muñoz, me dijo que el edificio está manejado por el “lumpen empoderado” que controlaba la vida de los residentes con el mismo sistema violento que rige la vida dentro de las cárceles venezolanas. Guillermo Barrios respondabiliza de las invasiones al gobierno y a su política negligente sobre la ciudad, incluyendo al propio Chávez. “El lenguaje político que ha justificado las invasiones y el robo absoluto proviene de los discursos de Chávez “, dijo. En el año 2011, Chávez dio un discurso exhortando a los indigentes de Caracas a tomar almacenes abandonados y galpones bajo su poder. “Invito al pueblo”, dijo, “a que busquen su propio galpón y me digan dónde está. Cada quién que busque sus galpones. ¡Vamos a buscarnos un galpón! Hay mil, dos mil galpones abandonados en Caracas. ¡Vamos para allá! Que Chávez los expropiará y los pondrá al servicio del pueblo”.

Las ocupaciones ilegales de todo tipo de edificios se habían disparado. Después de que una inundación desastrosa en diciembre del 2010 dejó a cien mil personas más sin hogar —la mayoría desalojados de los barrios pobres ubicados en los cerros— Chávez obligó a hoteles, un club de campo y hasta un centro comercial a alojarlos. Durante meses, varios miles de damnificados vivieron en parques de la ciudad y en una tienda de campaña levantada frente al Palacio Presidencial de Miraflores. Algunos fueron alojados dentro del palacio. La situación era claramente urgente y Chávez, en típico estilo cuasi militar, declaró una nueva “misión”: la Gran Misión Vivienda Venezuela.

En Caracas, buena parte de la carga de la Gran Misión Vivienda Venezuela recayó en manos de Jorge Rodríguez. Rodríguez fue vicepresidente bajo el mandato de Chávez y es el alcalde del municipio Libertador, el centro de la ciudad, desde el año 2008. Fui a verlo una mañana a su oficina ubicada en un hermoso edificio colonial, con balcones y un patio interior lleno de árboles. Es un hombre delgado y amistoso con la cabeza rapada, vestido a la manera informal de muchos de los ministros de Chávez: una pulcra guayabera blanca sobre jeans negros y zapatos deportivos. Sobre su oficina se alzaba un enorme óleo de Simón Bolívar y la ventana daba a una preciosa plaza con el nombre de Bolívar, decorada con una gran estatua de El Libertador.

Rodríguez no había absorbido el grado de deterioro de la ciudad hasta que llegó a ser alcalde. “En mi primer día de trabajo, miré por la ventana y vi a un borracho orinando sobre la estatua de Bolívar. Me dije a mí mismo, ‘si así son las cosas aquí, ¿cómo será en el resto de la ciudad?’”. Rodríguez dijo que fue a ver a Chávez para discutir la situación. “Decidimos que íbamos a arreglar la ciudad, desde el centro hacia afuera. Teníamos que empezar en alguna parte”.

Rodríguez culpó a los gobernantes anteriores por los problemas de Caracas. Desde que los españoles fundaron la ciudad su crecimiento no ha sido planificado, excepto durante la dictadura de Pérez Jiménez. “Él tenía un plan, pero luego fue derrocado”, según Rodríguez. El alcalde describe el preámbulo a la emergencia actual como un “lento terremoto”. Los pobres habían vivido en barrancos y laderas de las montañas para luego trasladarse a la ciudad por mera necesidad. El adinerado sector privado dejó de invertir en la ciudad y la inundación de 2010 había tornado la situación en una crisis.

Rodríguez dijo que en todo el país la déficit de viviendas era de tres millones, y la meta para el año era de doscientas setenta mil unidades nuevas. Barrios me había dicho que durante la mayor parte del mandato de Chávez el gobierno había construido un promedio de veinticinco mil unidades al año. El gobierno había atendido un porcentaje menor de las necesidades de vivienda que cualquier administración desde 1959. Pero Rodríguez me aseguró de que estaba en buen ritmo para alcanzar su meta, diciendo: “Estamos construyendo donde sea que podamos”. Admitió que todavía tenían un largo camino por recorrer. “Apenas descanso, ¡y estoy de pie todo el día!”, dijo, riéndose y señalando sus zapatos deportivos.

Rodríguez señaló a la plaza y me preguntó si notaba alguna diferencia respecto a mi visita anterior. Me di cuenta de que la plaza estaba vacía. No estaba ninguno de los vendedores ambulantes que obstruían el paso peatonal de las calles del centro histórico. “Nos deshicimos de cincuenta y siete mil de ellos”, dijo Rodríguez. Los trasladaron a un nuevo mercado cubierto en el borde del centro de Caracas. Con el respaldo del Presidente, Rodríguez también decretó que las invasiones a edificios ya no serían toleradas, pero que tampoco habría expulsiones arbitrarias. “Todavía hay uno o dos intentos semanales de adueñarse de un edificio, pero los detenemos”.

Al parecer, el gobierno no aprobó oficialmente ninguna invasión de la Torre de David, pero no ha hecho ningún intento para cerrarla. ¿Hubo un acuerdo tácito en dejar las cosas como estaban? Rodríguez se mostró incómodo y dijo: “La situación de la Torre de David debe corregirse y será tratado por el gobierno a su debido tiempo”.

En los alrededores de la ciudad había indicios de que Chávez había comenzado a enfrentar los problemas relacionados con la insuficiencia de vivienda pública y transporte. Rodríguez me llevó a un sitio en la Avenida Libertador donde varios edificios de apartamentos eran derribados, incluyendo construcciones espontáneas de ladrillo y acero de más de cinco pisos. Junto a éstos, en el borde de la carretera, se demolían barriadas cuyos habitantes eran reubicados. A los lados de varias autopistas se veían torres de alta tensión para un nuevo tren de pasajeros elevado (comprado en China), parte de un ambicioso plan para aliviar el tráfico de la ciudad y aliviar la presión sobre su abrumado sistema de Metro. Se ha instalado un costoso teleférico para transportar a pasajeros hasta el tope del cerro que aloja a San Agustín, uno de los barrios marginales más antiguos de la ciudad. Los vagones parten de una reluciente estación y se mueven silenciosamente en el aire, impulsados por enormes poleas austríacas. Todos están pintados del color predilecto de Chávez, el rojo Bolivariano, y en cada uno reza: Soberanía, Sacrificio, Moral Socialista… Debajo, puede verse la basura rodando entre pendientes fangosas, un laberinto de ranchos y callejones mugrientos. Me dijeron que no me bajase en la cima, para evitar el riesgo de ser asaltado.

*

Una mañana, Daza se reunió conmigo en un terreno baldío cubierto de maleza detrás la torre más pequeña. Estaba supervisando un grupo de trabajo de cuatro adolescentes y un hombre mayor que mezclaban cemento en una carretilla y lo untaban sobre una extensión de hormigón, barro, hierba y escombros. Daza lucía jeans, zapatos de gamuza y una camisa de cuadros. El aire apestaba a cloaca. Daza explicó que quería hacer un pequeño parque, donde las familias con niños puedan tener un lugar seguro para jugar y organizar piñatas y fiestas de cumpleaños.

Los adolescentes del grupo bromeaban y evitaban trabajar, mientras que Daza gritaba órdenes de vez en cuando, pero en general los observaba con tolerancia. Él me dijo que eran jóvenes en riesgo de caer en la delincuencia, recomendados por sus propios padres. En el trabajo podían ser supervisados​​ y, ganando un salario de aproximadamente cien dólares al mes, podrían colaborar con un poco de dinero para sus familias. Los supervisaba personalmente, explicó, porque el último encargado resultó ser irresponsable. “Todo lo que hacía era pasear en su moto, armando desorden”, me dijo.

Daza tenía planes ambiciosos para la Torre. Me mostró el estacionamiento en planta baja, un espacio enorme y vacío excepto por algunos autobuses dañados y explicó que era una fuente importante de ingresos: el garaje se alquila a los conductores de autobús. Más tarde estaría lleno. Cerca de la entrada, donde un par de muchachos descansaban en sucios sofás, Daza planificaba instalar una puerta de seguridad y construir una caseta de vigilancia. A un lado del edificio, cerca de una hilera de frondosos árboles de mango, Daza señaló un espacio no utilizado donde quería construir una guardería para los niños de las madres trabajadoras. Cerca de la puerta principal esperaba abrir una cafetería, “donde pueda venderse comida Bolivariana a precios socialistas”.

A medida que caminábamos Daza me explicaba cómo funciona el edificio. Tenía una manera rítmica y enfática de hablar, como un predicador. “No hay ningún régimen carcelario impuesto aquí”, dijo. “Lo que hay aquí es orden. Y no hay celdas, sino hogares. Nadie está obligado a colaborar aquí. Aquí nadie es un inquilino: todos son habitantes”. Cada habitante tiene que pagar una cuota mensual de ciento cincuenta bolívares (alrededor de ocho dólares al tipo de cambio del mercado negro) para ayudar a cubrir los gastos básicos de mantenimiento, como los salarios de la brigada de limpieza y de construcción. A las personas que no pudieron permitirse el lujo de construir sus viviendas se les ofreció ayuda financiera. Todos los residentes están registrados y cada piso tiene su propio delegado encargado de resolver cualquier problema. Si los problemas no podían resolverse en el piso, son llevados a una reunión del consejo de la Torre, que Daza convocaba dos veces por semana. Un problema común, dijo con un poco de amargura, era que los residentes no pagaran su cuota mensual, y era difícil disuadir a los inquilinos de arrojar basura en el patio. A los transgresores “se les da una advertencia apelando a sus conciencias”. Hay una junta disciplinaria que tiene la capacidad de expulsar de la construcción a los peores infractores, pero siempre hay quienes se toman libertades.

La versión de Daza del sistema de justicia de la torre contrastaba crudamente con las historias que había escuchado de ejecuciones al estilo carcelario, de personas mutiladas y partes corporales volando desde los pisos superiores. Este era el castigo habitual para ladrones y soplones en las cárceles de Venezuela, y la costumbre se ha colado entre los criminales de los barrios de Caracas. Cuando le pregunté acerca de estas historias, Daza apretó los labios, un gesto común de reproche entre los venezolanos. “Lo que queremos es seguir viviendo aquí “, dijo. “Tenemos una buena vida. No oímos tiroteos todo el tiempo. No hay matones con pistolas en sus manos. Lo que hay aquí es trabajo. Lo que hay aquí es gente buena, gente trabajadora”. Cuando le pregunté a Daza cómo se había convertido en el jefe o líder de la Torre frunció nuevamente los labios, y finalmente dijo: “Al principio, todo el mundo quería ser el jefe, pero Dios se deshizo de los que quería deshacerse y dejó a aquellos que él quería que se quedaran”.

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Muchos de los residentes de la Torre han llevado vidas complicadas, afectados por la confluencia en el país de la pobreza y la delincuencia. En un almacén habilitado cerca de la iglesia de Daza vive Gregorio Laya, un compañero de Daza de los tiempos de la prisión. Laya trabajaba como cocinero en la cocina presidencial del Palacio de Miraflores, pero en los viejos tiempos formaba parte de una banda de roleros o ladrones de relojes caros. Hizo una lista de sus favoritos: Rolex, Patek Philippe, Audemars Piguet. Por lo general, él y sus hombres esperaban fuera del Teatro Teresa Carreño a los asistentes de conciertos. Pero un día decidió robar al dueño de un spa “cerca de aquí, a pocas cuadras de distancia”, señalando más allá de la Torre. Consiguió el reloj pero, al salir, el hombre sacó un arma y comenzó a dispararle. No tuvo “más remedio” que responder, dijo, y disparó contra el propietario varias veces hasta matarlo. Laya fue herido también y la policía lo acorraló a sólo unas cuadras de distancia. Lo condenaron a once años en prisión.

El apartamento de Laya era de una sola habitación, equipado con elementos esenciales de la vida diaria, similar a un camarote de marinero o una celda de prisión. Había una cama grande y una TV pantalla plana, un armario, una silla y un tendedero en una esquina con ropa. Laya declaró estar contento. Tuvo la suerte de conseguir un trabajo y agradece a Daza por haberle encontrado un lugar en la Torre. Todos los días camina frente al spa en su trayecto al trabajo y piensa en lo diferente que era su vida.

Daza contó su propia historia de redención en términos similares. Un día me mostró su iglesia, un almacén antiguo y grande pintado de verde, con sillas de plástico apiladas y un atril de predicador. Letras recortadas de papel dorado pintaban en la pared las palabras “Casa de Dios” y “Puerta del Cielo”. Daza dispuso de dos sillas y me invitó a sentarme.

Daza me dijo que era oriundo de Catia, uno de los barrios más famosos de Caracas. Su familia era muy pobre. Era el más joven de varios niños y sus hermanos eran mucho mayores. Se mantuvo alejado de los problemas hasta cumplir los ocho años, cuando unos muchachos mayores robaron su bicicleta y le dieron una humillante paliza. Los describió como malandros que aterrorizaban su barrio. “Recuerdo que miraba como perseguían a mis hermanos mayores”, dijo Daza. “Ellos tenían armas y mis hermanos corrían cuando los perseguían y les disparaban”.

“No me importaba si mataban a mis hermanos”, prosiguió. “Me molestaba la forma en que llegaban a casa y se comportaban frente a mi mamá. Ellos la maltrataban, fumaban drogas y hablaban mal delante de ella. Yo les decía que eran unos cobardes, porque lo único que hacían era traer a sus enemigos al barrio para luego huir cuando llegaban”.

Daza formó su propia banda de niños delincuentes. “Nos adueñamos de algunas pistolas y luego, cuando tenía quince años, hicimos nuestro primer trabajo, que fue esperar a que el líder de esos mismos malandros subiera y…” -simulando disparar con su mano- dijo, “acabamos con él”. Después de eso, Daza se convirtió en el jefe de todo el barrio.

Daza ha cumplido dos sentencias en la cárcel, una de cinco años y otra de dos. Durante su segundo encarcelamiento, por un cargo de porte ilegal de armas, un policía que también ejercía de pastor llegó a la cárcel y lo convirtió. Él resurgió “con el Evangelio” y ha tratado de llevar una vida mejor desde entonces.

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Para Daza, como para muchos otros residentes de Caracas, la perspectiva de una vida mejor es tanto material como espiritual. La administración de Chávez ha tenido efectos volubles sobre la economía de la nación. Mientras que su retórica anticapitalista ha inducido a algunas empresas a abandonar el país, otras han aprendido a trabajar con el gobierno y han obtenido muy buenos resultados. Las regulaciones son sorprendentemente abundantes (el mero hecho de pagar la cena en un restaurante requiere mostrar una identificación) pero, de forma perversa, esto ha fomentado el emprendimiento en el mercado negro. Muchos médicos e ingenieros han huido del país, mientras que otros profesionales han prosperado. La única constante es el flujo de dinero petrolero, que brinda una gran riqueza a ciertas personas y es compatible con un creciente sector público. Los venezolanos más pobres están ligeramente mejor en la actualidad. Y, sin embargo, a pesar de que Chávez apela a la solidaridad socialista, su gente ansía seguridad y objetos de la buena vida tanto como una sociedad más equitativa.

Una noche, Daza insistió en llevarme de regreso a mi hotel. Él, Gina y yo esperamos fuera de la torre cuando una reluciente Ford Explorer verde se detuvo frente a nosotros y un conductor se bajó y le entregó las llaves a Daza. Entré al asiento trasero y nos pusimos en marcha. Mientras conducía, Daza me dijo: “Dios me bendijo con el carro el diciembre pasado”. Aparentemente un hombre le debía dinero y, cuando éste fue incapaz de devolvérselo, le dio el auto a cambio. Era un modelo del 2005, según Daza, lo cual estaba bien. Pero ahora quería el del 2008 (idealmente de color blanco). Por casualidad pasamos al lado de una Explorer blanca 2005 en la vía. Daza murmuró su apreciación del vehículo, admirando el cromo brillante en la rejilla del espejo retrovisor. Más tarde pasamos frente a un concesionario Ford, donde una Explorer 2012 descansaba en una sala de exposición iluminada. “Quién sabe lo que costará ésa, ¡tal vez medio millón de bolívares!”, exclamó.

En la autopista, Daza me preguntó dónde quedaba el hotel y parecía inseguro cuando le dije que era en el sector de Los Palos Grandes. ¿Había estado allí? “Sí, por supuesto”, me dijo, aunque tuve que señalarle la salida y dirigirlo a partir de allí. A medida que nos acercábamos al hotel, pasando edificios de apartamentos enrejados y exclusivos restaurantes, él y Gina miraban asombrados por la ventana. “La gente aquí es muy rica, ¿verdad?”, dijo Daza. Detuvo el coche en medio de la calle frente al hotel y lo observó paralizado, mientras que el resto de los autos tocaban la corneta y nos adelantaban.

Pero en muchas partes de la ciudad no son los ricos, sino los malandros, quienes están en ascenso. Caracas es uno de los lugares del mundo dónde es más fácil ser secuestrado. Miles de secuestros se producen cada año. En noviembre del 2011 fue secuestrado el cónsul chileno por hombres armados, que lo golpearon y le dispararon antes de liberarlo. Ese mismo mes, el cátcher venezolano de los Nacionales de Washington, Wilson Ramos, fue secuestrado en la puerta de la casa de sus padres y estuvo capturado por dos días antes de ser rescatado. En abril, un diplomático costarricense fue secuestrado. Al día siguiente la policía hizo una redada en la Torre de David en su búsqueda, pero sólo encontraron algunas armas.

En una cena, en Caracas, escuché a dos parejas intercambiar historias sobre unas llamadas que recibieron de criminales que aseguraban haber secuestrado a sus hijos. En ambos casos salían del teléfono voces infantiles muy similares a las de los suyos, llorando y pidiendo ayuda. Las llamadas eran falsas y fueron realizadas por secuestradores fraudulentos, pero el episodio, junto a las noticias cada vez más sangrientas en la prensa, los dejó preocupados por el futuro. Uno de los crímenes más comentados mientras estuve en Caracas involucró el asesinato de un taxista, que fue golpeado, cortado en la cara y le dispararon varias veces. Sus asesinos le pasaron por encima con su propio carro, sólo por diversión, antes de escapar.

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Daza aparentemente nunca salía de la planta baja de la Torre y tampoco parecía querer que yo pasara de allí. Cada vez que le propuse subir, tomaba una actitud evasiva y respondía con excusas cuando le preguntaba si podía asistir a una sesión de sus reuniones con los delegados. Si en verdad exigía una cuota de inscripción a cada nuevo residente, como me habían informado, es algo que no quiso admitir. Pero parecía probable que se ganase la vida del edificio, posiblemente de los ingresos del garaje de autobuses. En cierta forma, es capaz de permitirse algunos lujos: aunque vive encima de su iglesia, mantiene un apartamento en otra zona de la ciudad y sus hijos de relaciones anteriores pueden visitarlo allí con seguridad.

En un par de ocasiones me las arreglé para subir a la Torre y dar un vistazo. En el décimo piso, los miembros del equipo de seguridad del edificio siempre exigían que me identificase y les dijese a donde iba. Cuando mencioné a Daza me dejaron ir, pero reaparecían cada cierto tiempo, manteniendo un ojo vigilante sobre mí. Los residentes de la Torre eran cuidadosos y hablaban muy poco al pasar. En las escaleras, muchos tenían cargas propias que llevar, y se movían como montañistas, con las expresiones faciales propias de un grupo que está participando en una prueba de resistencia.

Los pasillos estaban en un ángulo que les permitía recibir luz de las ventanas ubicadas en las paredes de cada extremo de la construcción, pero aún así la iluminación era tenue. En los pisos que no estaban terminados se habían construido pequeñas casas de bloques pintados y de yeso. Muchos mantienen sus puertas abiertas para dejar entrar la brisa y para socializar y pude verlos ocupados con sus tareas cotidianas: cocinar, limpiar, llevar cubos de agua, bañarse. Se escuchaba música aquí y allá. Daza montó una bomba de agua que funcionaba por un generador y cada piso tenía su tanque, aunque el suministro de agua corría a través de tuberías impredecibles y mangueras de caucho.

La Torre cuenta con varias bodegas, una peluquería y un par de guarderías. Visité una pequeña bodega en el noveno piso donde Zaida Gómez, una mujer peliblanca y locuaz de unos sesenta años, vivía con su madre de noventa y cuatro años. Ella me mostró el cubículo al lado de la tienda donde había instalado a su madre, una pequeña mujer que me parecía un pájaro dormido, justo en una cama al lado de uno de los ventanales. Gómez mantiene un ventilador prendido a toda hora, ya que el calor que emana la ventana volvía la habitación en un horno.

Gómez es una pionera en la Torre y me dijo que al principio las cosas eran terribles allí. La Torre estaba gobernada por malandros —dijo sacudiendo la cabeza— y se habían producido palizas, tiroteos y asesinatos. Pero ahora podía dejar la puerta de su tienda abierta, algo que nunca fue capaz de hacer en Petare, el barrio donde vivía antes. Su tienda vendía de todo, desde jabón hasta refrescos y verduras. Y para reabastecerse de suministros tenía que subir y bajar las nueve plantas de la Torre varias veces al día. Era agotador, pero dijo que no podía darse el lujo de pagar un mototaxi que cobraba quince bolívares (alrededor de ochenta centavos de dólar) por cada viaje. Tiene una hija que la asiste y un nieto.

Gómez tenía miedo de verse obligada a mudarse de la Torre. “Este edificio es demasiado caro para que gente como nosotros esté aquí “, dijo. Vendrá el día en que las autoridades lo quieran de vuelta. Esperaba que el gobierno, que estaba construyendo viviendas para los pobres en la adyacente Avenida Libertador, se acercase a la Torre también y los reubicase a todos. “Todo lo que quiero es mi casa propia y un pequeño pedazo de tierra para cultivar. Algo que pueda llamar mío”.

Albinson Linares, un periodista venezolano que ha escrito sobre la Torre, me describió a sus residentes como “refugiados de un estado subdesarrollado que viven en una estructura del Primer Mundo”. Contiene una muestra de trabajadores caraqueños: enfermeras, guardias de seguridad, conductores de autobuses, comerciantes y estudiantes. Hay personas desempleadas también y el círculo de exconvinctos evangélicos de Daza. Cada piso tenía su propia sociología. Los pisos más bajos son reservados en gran parte para las personas mayores, quienes no pueden subir hasta los niveles más altos. Algunos pisos están dominados por familias y otros están ocupados principalmente por hombres jóvenes de peligroso aspecto. Un día, un fotógrafo con quien viajaba fue jalado hacia un apartamento por un par de hombres que lo interrogaron con suspicacia. Cuando mencionó el nombre de Daza lo dejaron ir, pero a regañadientes. En la escalera vimos un grafiti que decía “El Niño Sapo”. Parecía que Daza tenía enemigos dentro de la Torre.

Que hubiese conflicto parecía inevitable. Entre los derechos de admisión, los cargos de mantenimiento y el alquiler del garaje, hay una buena cantidad de dinero disponible para los invasores. Una tarde Daza me llevó a un restaurante en la calle de la Torre, un lugar pequeño y caluroso con una cocina abierta. Poco después de sentarnos, tres hombres entraron a rondar amenazadoramente por nuestra mesa, parados justo detrás de nuestras sillas. Daza arqueó las cejas y dejó de hablar, hasta que después de un par de largos y tensos minutos los hombres salieron y se sentaron en la acera. Más tarde, Daza me dijo que aquellos hombres se ganaban la vida organizando invasiones. “Son profesionales”, dijo. “Es lo que hacen”. Le pregunté si eran enemigos. Me dijo que no exactamente y luego murmuró que había muy poca gente en la vida en quienes se pueda confiar.

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A media hora en carro desde la Torre de David está otra invasión: El Milagro. Fue fundada unos años antes por José Argenis, otro ex convicto convertido en pastor que se unió a ex reclusos y sus familias para invadir una parcela de terreno al lado del río en las afueras de Caracas. Era una zona cubierta de matorrales y desperdicios, pero cuenta con una excelente ubicación: justo al lado de la carretera principal, al lado de una estación de autobuses y cerca de un puente angosto que le permite a los residentes cruzar el río a pie o en moto. El Milagro es ahora una comunidad de casi diez mil personas y sigue creciendo.

Argenis, un hombre negro con carisma y una atronadora voz, dirige un centro de rehabilitación en El Milagro para ex prisioneros que van a pedirle ayuda para hacer una mejor transición al mundo exterior. Las cárceles de Venezuela tal vez sean las peores de América Latina: las treinta instalaciones del país fueron diseñadas para mantener unos quince mil internos, pero realmente alojan tres veces esa cantidad. Se compran y venden narcóticos abiertamente, y los reclusos tienen acceso a armas automáticas y granadas. En muchas prisiones los guardias han cedido el control a las bandas armadas dirigidas por jefes delincuentes llamados “pranes”, llamados así por el sonido que hace un machete al golpear concreto. Los pranes lideran la creciente comunidad criminal que se extiende dentro y fuera de las prisiones. Frente a una deplorable fuerza policial y judicial, caracterizadas por la ineficiencia y la corrupción, los pranes brindan una estructura donde no existe ninguna.

Los pranes se han vuelto suficientemente poderosos como para tratar directamente con el gobierno. Argenis trabajó como asesor de Iris Varela, la recién nombrada por Chávez Ministra de Servicios Penitenciarios, a quien ayudaba a negociar con los pranes. Explicó que era un trabajo no remunerado “hasta el momento”, pero que le interesaba trabajar con ella. Argenis espera que su modelo de rehabilitación obtenga financiamiento gubernamental, y que pueda construir otras instalaciones a lo largo del país.

Argenis cumplió una condena de nueve años por homicidio, en los que conoció a Daza. Después de salir de prisión se mantuvieron en contacto. “Cuando invadieron la Torre, El Niño todavía estaba involucrado en ese mundo, el de los bajos fondos”, dijo. “Y había quienes querían desorden, pero él impuso orden… a la antigua”. Me regaló una mirada resabiada. Hubo un momento en el que Daza acudió a él en busca de ayuda. “Estuvo aquí por seis meses. Permanecía como el líder oficial de la Torre, pero se quedó aquí”. Según Argenis, Daza había “salido de la cárcel con problemas. Había gente que quería matarlo y lo protegimos”. Dejó abierta la posibilidad de que Daza volviera a la vida criminal. “Creo que ya colgó los guantes”, dice Argenis, sonriendo irónicamente. “Pero siempre puede volver a caer en tentación, porque tenemos que cuidar de nosotros mismos, ¿sabes?”

Argenis mantenía enemigos también. “He matado a hombres. He dejado a otros en silla de ruedas. Dejé a algunos estériles. Sólo imagínalo: me van a odiar por el resto de sus vidas”. Cuando le pregunté cómo la cultura del malandro había cobrado tanta fuerza, me respondió que se debía a las cárceles. Me explicó que los hombres internados ni siquiera trataban de escapar, porque “tienen todo lo que necesitan allí y viven tan bien o mejor que en las calles”. La economía penitenciaria estaba en auge, con miles de millones de bolívares generados a través del control del tráfico de drogas. “Las cárceles son muy fuertes, y han llegado a ser mucho más fuertes en los últimos siete u ocho años”.

Argenis cumplió su condena en una prisión llamada Yare, situada en medio de colinas a una hora del sur de Caracas. Yo visité la cárcel en el 2001 y un funcionario de la prisión me condujo por un camino de tierra alrededor del perímetro de la verja que cercaba el edificio. Nos detuvimos y vi dos bloques de celdas con decenas de agujeros de bala en sus fachadas. Había agujeros donde debían estar las ventanas y un grupo grande de hombres rudos sin camisa bajaba la mirada hacia nosotros. Una línea gruesa y negra de excremento humano recorría la pared exterior y el patio de abajo era un mar de lodo y basura de varios pies de profundidad. “No podemos quedarnos por aquí”, me dijo el funcionario. “Si nos quedamos demasiado tiempo, puede que nos disparen”. A medida que nos alejábamos, me explicó que sólo había seis guardias a la vez dentro de la prisión. Los internos permitían a un guardia elegido por ellos para acercarse hasta una puerta determinada y recuperar los cadáveres dejados allí.

Chávez estuvo preso en Yare durante dos años después de su intento de golpe de Estado. A pesar de que se mantuvo en un área segura para presos políticos, supuestamente escuchó con impotencia cómo un grupo violaba a otro recluso, le cortaban la garganta y luego era apuñalado hasta morir. Chávez fue perdonado en 1994 y al comienzo de su presidencia se comprometió a contribuir con la reforma del sistema carcelario. Pero, mientras nuevas causas y crisis emergían, las prisiones fueron olvidadas: de las veinticuatro prisiones que prometió construir, sólo se construyeron cuatro. El año pasado hubo más de quinientas muertes violentas en el sistema. En agosto, dos pandillas de Yare se involucraron en un tiroteo de cuatro horas en el que murieron veinticinco reclusos y un visitante. Se publicaron fotografías de Geomar y El Trompiz, los jefes pandilleros responsables de la masacre, posando desafiantes con sus armas. El Trompiz fue asesinado el pasado enero, al parecer por sus propios hombres.

Después de que Chávez fue reelecto, declaró un estado de emergencia en el sistema penitenciario del país, y prometió una completa transformación. Sin embargo, Argenis sugiere que el daño ya estaba hecho. “Este gobierno ha sido más permisivo: los gobiernos anteriores eran más represivos”, dijo. “Y así, la cultura malandra ha crecido y ha migrado de las cárceles hacia las escuelas, las universidades y las calles. Se ha convertido en una cultura nacional”.

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Lo primero que un visitante ve al llegar desde el Aeropuerto Internacional a Caracas es un barrio, quizás el más famoso de la ciudad: el 23 de Enero. “El 23″, como se le conoce, fue construido en los años cincuenta como un proyecto de vivienda pública diseñado por uno de los más grandes arquitectos del país: Carlos Raúl Villanueva. Es un complejo de ochenta edificios que ocupa verticalmente un enorme pedazo de tierra en la entrada norte de la ciudad. Fue concebido como un enorme suburbio, dividido entre edificios de cuatro plantas y torres de quince pisos, entrelazados por jardines y caminerías.

Hoy en día, los espacios verdes están sobrecargados de invasores. El 23 es una favela donde viven unas cien mil personas, apretadas entre los bloques de apartamentos de Villanueva. La zona es un volátil mosaico de colectivos independientes que abarcan desde aquellos con pretensiones izquierdistas hasta criminales puros y duros. Muchos están armados.

Uno de las figuras emblemáticas del 23 fue Lina Ron, una activista militante de pelo rubio teñido y carácter grandilocuente. Antes de morir el año pasado de un infarto, Ron organizó ruidosas protestas antiimperialistas que con frecuencia se tornaban violentas. Chávez toleraba a Ron y sus agresivos seguidores porque era una apasionada defensora de sus políticas y solía aparecer a su lado en marchas y eventos. En 2001, Chávez me insinuó que había aceptado a la extrema izquierda como una forma de impedir un golpe de Estado como el que lo puso en el cargo. “La verdad es que necesitamos una revolución aquí y si no lo logramos ahora vendrá después, con otra cara”, dijo. “Tal vez de la misma manera que comenzó, una medianoche con pistolas”.

Probablemente no haya hoy en día otro chavista más abiertamente radical que Juan Barreto. Profesor de cincuenta años de la Universidad Central, Barreto es un marxista rotundo, brillante y locuaz. Fue Alcalde Mayor de Caracas, supervisando todos los distritos de la ciudad desde el 2004 hasta 2008, cuando ocurrieron muchas de las invasiones, incluyendo la ocupación de la Torre de David. Pasé algún tiempo con él a inicios del 2008 y me quedó claro que era visto como un protector por algunos ocupantes ilegales del centro de la ciudad. Barreto siempre ha dicho que no apoya las invasiones, pero consiente las expropiaciones de propiedades abandonadas en la ciudad para aliviar la crisis habitacional. En una acción típica de su mandato, Barreto enfureció a la fracción adinerada de la ciudad al amenazar con la confiscación del Country Club de Caracas, rodeado de suntuosas villas y jardines que circundan un campo de golf de dieciocho hoyos, para darle el espacio al pueblo. Al final, el plan fue abandonado, al parecer, por órdenes de Chávez.

La franqueza de Barreto le ha ganado numerosos enemigos e incluso muchos jefes chavistas lo ven como un fanático desbocado, con una tendencia de hablar públicamente acerca de “armar al pueblo” para defender la revolución. Siendo alcalde, claramente le encantaba ser el enfant terrible de la revolución de Chávez. Organizó una tripulación de motorizados guardaespaldas que viajaban con él. Entre sus allegados estaba un ex sicario adolescente llamado Cristian, que estaba siendo rehabilitado por Barreto. Al presentármelo le preguntó: “Cristian, ¿a cuántas personas has matado?” El chico murmuró “Unas sesenta, creo…” y Barreto se rió con deleite.

Cuando Barreto dejó el cargo, entró en un limbo político que terminó el año pasado durante la campaña de reelección de Chávez, en la que volvió al entorno presidencial. Fue el líder de un grupo informal de colectivos radicales de barrios con los que formó una nueva organización, REDES, que se unió a la campaña del presidente. Caracas fue abarrotada de pósters de REDES que muestran a un Chávez hinchado, debido a tratamientos con esteroides, unido por un abrazo varonil con el aún más corpulento Barreto.

Me encontré con Barreto en su casa situada en el sector de El Cementerio, llamado así por el gran cementerio que alberga y en el que malandros celebran rituales en honor a sus camaradas caídos. Las colinas cercanas están cubiertas por ranchos. El frente de la casa de Barreto es una enorme puerta doble de hierro, resguardada por un par de vigilantes armados con pastores alemanes cerca. Después de haberme identificado me condujeron a través del garaje, donde había dos camionetas blindadas estacionadas. Dentro había un claustro repleto de arte moderno y esculturas, además de un gran acuario. Barreto estaba en la parte de arriba, en una cocina de último modelo preparando tamales. A un lado de la cocina estaba la sala de estar, donde un grupo de hombres jóvenes, miembros de su séquito, estaban sentados en una mesa con laptops. La habitación estaba decorada con una pintura erótica hecha por Barreto —una mujer sin camisa, con la mano de un hombre dejando caer una fresa en su boca— junto a una botella de Johnnie Walker Platinum (“regalo de un amigo”) y una figura de Marlon Brando como Don Corleone.

Barreto explicó que él y sus compañeros estaban trabajando para convertir a REDES en un partido político. Chávez había mostrado un reciente plan para el “socialismo del siglo veintiuno”, en el cual la sociedad venezolana sería reestructurada en comunas. Nadie entendía exactamente lo que el término significaba o cómo se aplicaría, excepto tal vez el propio Chávez, y había un acalorado debate al respecto. Barreto dijo que él y sus seguidores estaban preocupados pues, sin la presión de grupos como REDES, el plan se utilizaría para “meter en una camisa de fuerza” a las verdaderas fuerzas revolucionarias.

Para ayudar a crear una comuna auténtica, Barreto trabaja estrechamente con Alexis Vive, uno de los colectivos armados mejor organizados del 23. Barreto sugirió subir a verlos. A medida que entramos en una de sus camionetas —que, según él, Chávez le había prestado—, un guardaespaldas sacó una ametralladora, una P90 belga. “Hermosa, ¿verdad?”, dijo Barreto, sonriendo. “Dispara cincuenta y siete balas”. Explicó que armas como estas son necesarias para defenderse. “No es que estemos en contra del gobierno. Es que no encuentro la manera de apoyarlo totalmente”. Se echó a reír. “Es como cuando tienes una mujer hermosa, pero te has desenamorado de ella. Es difícil. La quieres un momento y al siguiente no, ¿me entiendes?”

En la sede del colectivo Alexis Vive hay murales de Marx, Mao, Castro y el Che Guevara pero, aparte de algunos hombres armados merodeando al borde de unos edificios cercanos, los soldados se mantenían discretamente fuera de la vista. Uno de los líderes del grupo, un joven estudiante de Sociología llamado Salvador, me explicó que el colectivo controlaba unas cincuenta acres que alojaban cerca de diez mil habitantes, con quienes trataban de formar en un colectivo marxista autosustentable. El grupo estaba armado sólo para defenderse, dijo. Policías corruptos y miembros de la Guardia Nacional venezolana estaban trabajando con grupos de malandros del 23, a veces en zonas que bordeaban su propio territorio. Barreto sostuvo que el contingente armado estaba protegiendo a su pueblo de oficiales delincuentes. “No han sido capaces de llegar aquí desde 2008″, dijo entre risas. “Hemos estado en tiroteos con ellos”.

La corrupción en las fuerzas de seguridad es un problema profundamente arraigado —y según Barreto—es la verdadera fuente de la cultura criminal del país. Dijo haber luchado contra el problema durante su período como Alcalde, sustituyendo gran parte de la fuerza policial con miembros de los Tupamaros, un grupo armado del 23 de Enero. Salvador dice que la situación surge de la incapacidad de Chávez para enfrentarse a los verdaderos criminales: “Chávez no ha perseguido a los malandros porque cree que pueden volverse en su contra”.

*

Un domingo, cincuenta sillas de plástico fueron alineadas para la misa dominical en la iglesia de Daza, pero sólo una docena de personas se presentaron, casi todas mujeres y niños. Daza no se veía molesto. Llevaba una corbata, pantalones y zapatos negros. Probó el micrófono cantando “Gloria” y “Aleluya”, mientras que un par de hombres acomodaban el equipo musical: una batería, un órgano eléctrico y enormes altavoces. Llegaron un par de mujeres más y se arrodillaron a orar antes de unirse a la congregación. Apareció Gina, la compañera de Daza, con sus hijos, y sacó una Biblia forrada en una cubierta de rosado chillón.

Mientras los músicos tocaban, Daza cantaba desde un lado de la tarima (cantaba mal pero sin complejos) y tocaba unos bongos. Finalmente tomó el micrófono y comenzó a gritar, en un rítmico gruñido ronco, sobre el bien y el mal. Dijo: “Hay guerras en el mundo, en las que a la gente no les importa si los niños mueren, si las mujeres mueren, si los viejos mueren: lo único que les importa son las riquezas. Pero la Biblia dice que sólo hay una vida y es ésta. El Señor conoce la vida eterna, pero sólo él la conoce y entonces debemos vivir ésta. Tenemos que vivir esta vida y ser buenos con Dios”.

El servicio duró tres horas. Las mujeres se balanceaban y movían sus pies con los ojos cerrados. La voz de Daza se volvió un fascinante muro sonoro. Hubo un momento en el que se levantó a testificar un joven predicador invitado llamado Juan Miguel. Dijo ser de un barrio pobre y que su padre estaba loco. Había estado en la cárcel, y su casa había sido arrasada por las inundaciones de 2010. Vivía con miles de otros damnificados en el interior de un centro comercial expropiado por Chávez. “Hemos tenido vidas difíciles, vidas duras, pero Dios nos ha llamado a predicar su palabra”. Sus ojos brillaban cuando le dijo a Daza: “Dios nos ha escogido. Dios ha escogido a Venezuela para llevar el Evangelio al Mundo”.

Un día Daza me llevó a Miranda, un estado vecino, a ver el barrio donde vivió con su ex esposa y donde ésta aún vivía. A lo largo del camino habló, como siempre, de cómo Dios lo había salvado. Dejó la escuela cuando tenía trece años y a los catorce ya estaba en la vida pandillera. Aprendió a leer durante su segunda estadía en prisión y la Biblia fue su primer libro. “Yo no tengo preparación universitaria, pero me he educado mucho sobre Dios. Solía ​​hablarle a la gente de manera ofensiva, con groserías. Me salía la inmundicia. Pero leí en alguna parte de la Biblia, no recuerdo dónde, que el lenguaje grosero corrompe las buenas costumbres. Y cuando leí eso me dije: ‘Ay, Dios me está hablando’”.

Llegamos a una pequeña casa de bloques en la loma de un cerro empinado que se alzaba sobre otras colinas boscosas, marcadas por nuevas invasiones. La hija de la ex esposa de Daza estaba allí, una mujer joven y rolliza de unos veinte años. Parecía feliz de ver a Daza. Nos sentamos en una pequeña sala de estar y Daza comenzó a recordar la vida con su ex esposa. Aunque entonces era todavía un criminal, la relación había sido formativa para él. Ella era mayor que él y Daza sintió que ella lo ayudó a moldearlo como hombre. Ella también lo malcriaba, dijo riendo, ya que le cocinaba, limpiaba y hasta le planchaba su ropa.

Daza se veía con otras mujeres. “Yo solía cambiar de novias como tú te cambias de ropa”, me dijo, y dejó a varias embarazadas. Él y su ex esposa peleaban mucho. Se puso de pie y representó una pelea particularmente dramática, en la que Daza inmovilizó a su esposa contra la pared, sacó su pistola, y disparó justo al lado de su cabeza. “Era sólo para asustarla “, dijo sonriendo. Pero ella sostenía un cuchillo y, cuando Daza disparó (“quizás ella pensó que realmente iba a dispararle… o tal vez fue sólo su reacción instintiva”), le había clavado el cuchillo en el pecho. Salió tambaleándose de la casa y se internó en una clínica. Tuvo suerte: el cuchillo falló en darle al corazón o a otros órganos vitales. La joven asintió con la cabeza y se rió al recordar el incidente. “Después volvimos a estar juntos”, dijo Daza.

En el carro, le pregunté a Daza si se arrepentía de algo

—No… —dijo.

—¿Qué hay de los hombres que has matado?

—¿Como quién?

—Como el malandro que mataste cuando tenías quince años.

Daza se quedó callado. Después de un minuto, dijo: “Yo era un ignorante y ahora me he transformado. Me siento como un hombre nuevo, una nueva persona. Ésas son cosas que se viven en la vida y que, bueno, Dios permitió, pero ahora creo que soy diferente”.

Daza volvió a guardar silencio y luego dijo: “En esta vida, cuando te conviertes en un líder, tu vida corre riesgo porque te ganas enemigos. A veces la gente piensa que estás involucrado con mafias y cosas extrañas, gracias a tu pasado. Los enemigos siempre van a tratar de desacreditarte. El Diablo tratará de garantizar que continúes siendo miserable para utilizarte para su beneficio”.

Al final era difícil saber si El Niño Daza era un malandro, un genuino defensor de los pobres o ambas cosas. Lo qué parecía claro es que estaba perfectamente adaptado a la vida en la Venezuela de Hugo Chávez, capaz de obtener ventajas por todos los medios: aprovechando los vacíos dejados por el gobierno, manejando su propia empresa capitalista y negociando con el mundo del hampa cuando era necesario. Al salir de su antiguo barrio, la calle estaba llena por un pequeño mitin político. Henrique Capriles, quien compitió contra Chávez en las elecciones presidenciales, es el gobernador de Miranda y las elecciones gubernamentales se avecinaban en pocas semanas. Voluntarios de la campaña repartían cerveza y carteles desde una camioneta. Daza se encogió de hombros. Esperaba que el candidato de Chávez ganara.

Daza comentó que estaba considerando meterse en la política. Siendo el jefe de la Torre de David, Daza ha logrado conocer a algunas autoridades de Caracas, incluyendo a funcionarios de Chávez, y estos le han pedido que considere la posibilidad de postularse para un puesto de concejal en la ciudad. Con los cambios propuestos por el gobierno y la creación de las comunas, Daza espera que la Torre de David pueda adquirir estatus legal. Ha comenzado a hacer sondeos en el edificio. “La gente me sigue diciendo que debería lanzarme y que tengo una buena oportunidad”, me dijo. “Así que lo estoy pensando”.

*

En el centro de Caracas, a una milla de la Torre de David, un nuevo y espléndido mausoleo está a punto de ser terminado. Chávez ordenó su construcción hace dos años para proporcionar un nuevo lugar de descanso a los huesos de Simón Bolívar. Chávez ya había ordenado anteriormente exhumar y examinar los restos de Bolívar, persiguiendo la hipótesis de que había sido envenenado por sus enemigos, pero la autopsia no llegó a ninguna conclusión. Después ordenó levantar la nueva tumba.

El edificio es una cuña blanca y delgada que se eleva ciento setenta pies como un mástil hacia el cielo. La construcción ha costado ciento cincuenta millones de dólares según reportajes y, como todo lo que ha hecho Chávez, es controversial. La construcción se llevó a cabo con mucha reserva y el mausoleo, que planeaba abrir sus puertas el pasado 17 de diciembre después de múltiples retrasos, aún no se ha inaugurado. En el momento en que se complete se convertirá en la pieza central de un decadente rincón de la ciudad, junto a una vieja fortaleza militar (donde Chávez estuvo brevemente encarcelado después de su intento de golpe) y al Panteón Nacional, una iglesia del siglo XIX donde los restos de Bolívar son vigilados por guardias floridamente uniformados. Hay rumores persistentes de que cuando Chávez muera será enterrado en el mausoleo, al lado de Bolívar.

Por supuesto, Chávez y sus seguidores tienen la esperanza de que su lucha no sea sepultada con él. En 2001, Chávez me dijo que era su más ferviente deseo llevar a cabo una “verdadera revolución” en Venezuela. Sin embargo, unos años más tarde su viejo maestro Jorge Giordani parecía preocupado de que su protegido no estuviera construyendo una revolución permanente. “Yo también soy un Quijote”, dijo. “Pero hay que tener los pies firmemente plantados en la tierra. Si todavía tenemos petróleo, vamos a tener un país de verdad en unos veinte años, pero tenemos mucho que hacer entre hoy y ese entonces”, dijo Giordani. Y recitó un proverbio venezolano: “Muerto el perro, se acabó la rabia…”

Ahora, mientras Chávez yace gravemente enfermo, los hombres que se denominan chavistas transmiten sus supuestos deseos a los ciudadanos. Durante los pasados meses, los venezolanos han tenido muy poca información confiable acerca de sus intenciones o del verdadero estado de su salud y, por lo tanto, tienen poco que decir acerca de su propio futuro. Para ellos, la muerte de Chávez representa el final de una larga y fascinante actuación. Le dieron el poder elección tras elección: son víctimas de su afecto por un hombre carismático al que le permitieron convertirse en el personaje central del escenario venezolano, a expensas de todo lo demás. Después de casi una generación, Chávez deja a sus compatriotas con muchas preguntas sin respuestas y sólo una certeza: la revolución que trató de llevar a cabo nunca sucedió. Comenzó con Chávez, y lo más probable, es que con él termine.

***

Pueden leer la crónica en inglés pulsando aquí. Si tienen tiempo..


Por: Jon Lee Anderson
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Ciudad | Caracas
28 de Enero, 2013

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SEXO SIN TABÚ: Dime de dónde eres y te diré cómo lo haces

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SEXO SIN TABÚ, Dime de dónde eres y te diré cómo lo haces

Publican en Francia el Atlas
Mundial de la Sexualidad

 

■ El estudio revela que en Grecia, Polonia y Brasil 80% de la población sólo piensa en hacer el amor.

¿Quiénes son los hombres más ardientes? ¡Los griegos! No se trata de una pregunta de ¿Quién quiere ser millonario? ni una trivia de algún canal para adultos. Esta y otras 232 interrogantes forman parte de un trabajo de 18 meses que concluyó en el Atlas Mundial de la Sexualidad.

Se trata de un estudio que Nadine Cattan, directora de Geografía del Centro de Investigación Científica en Francia, elaboró para saber más sobre el sexo y sus protagonistas. “La sexualidad está en todos lados, en las ciudades, en los muros o en las pantallas”, afirma. Explicó que el estudio abarcó el mundo entero para intentar ver el sexo un poco más claro.

El atlas trata varios aspectos, como la transición sexual y amorosa en curso en Europa, que va unida al fuerte crecimiento de la infidelidad.

Empleando información de 5 países europeos y 1,5 millones de miembros de Gleeden -página web de encuentros para mujeres y hombres casados-, el atlas coloca París a la cabeza de las ciudades con más infieles.

De acuerdo con los datos obtenidos, más de la mitad de los infieles que mienten a sus cónyuges tienen un nivel de educación superior y 22% trabaja en el sector bancario. Para responder a las preguntas en qué parte del mundo la infidelidad causa más estragos, quién utiliza juguetes en la cama o dónde es más frecuente el abuso de menores, los geógrafos hicieron un mapa que traza la evolución de los comportamientos sexuales en el mundo compilando encuestas, estudios y cifras.

Cattan insiste en la infidelidad porque es el que más dolores de cabeza causa en las parejas. Pero, ¿por qué la infidelidad? “La respuesta más común es la necesidad de experimentar el poder de seducción”. En el capítulo sobre parejas, el atlas explora los meandros de los hábitos sexuales (frecuencia, grado de satisfacción). Descubre que en Grecia, Polonia o Brasil 80% de la gente solo piensa en sexo, contrario a los japoneses, que asignan 38% de interés a la actividad. Los británicos y noruegos son aficionados a los juguetes sexuales, mientras que en los países del sur de Europa el interés hacia esos accesorios es relativo.

El Atlas también devela la cara más sombría del deseo, como la prostitución, la violencia sexual, discriminaciones por género y abusos a menores. Los datos reservan algunas sorpresas, como que Suecia, el país de la igualdad sexual, registra el mayor número de denuncias por violación (53,2 por cada 100.000 habitantes).

El estudio señala que varios países tomaron medidas contra el acoso sexual, por ejemplo con las paradas de bus reservadas a mujeres en México, e iniciativas parecidas en Brasil, Egipto o Japón. Dedican interés particular a la prostitución y a la pornografía: 98% de las películas para adultos procede de Estados Unidos y Rusia, mientras que Hungría y la República Checa comparten el mercado.


Por: ELIZABETH ARAUJO
SEXO SIN TABÚ
Salud | Sexo
EL NACIONAL
JUEVES 31 DE OCTUBRE DE 2013

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Tweets about “SEXO SIN TABÚ fobias sexuales no felices”



LAU SOLÓRZANO: No woman, no drive

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No woman, no drive; por Lau Solórzano

Mai Al-Swayan,
la activista..

 

Desde hace más de un siglo en muchos países las mujeres fueron conquistando uno de los derechos más importantes para el ser humano: el derecho al sufragio. En Venezuela se logró en 1946. Uruguay fue el primer país de la región en 1927. España, por su parte, lo logró en 1931. Y en el año 1952 se firmó la Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer. Es evidente cómo, a medida que pasa el tiempo, las mujeres consiguen más espacio en el vasto terreno de la igualdad de géneros.

Internet, elemento fundamental para el desarrollo en lo que va de siglo, permite que a diario millones de personas estén interconectadas y que el intercambio cultural sea no sólo más sencillo sino, además, cada vez más natural. Hoy, mediante la interconexión, es posible monitorear que en casi todos los países (tanto en Oriente como Occidente) las mujeres ya pueden ser dueñas de empresas, votar y ocupar cargos políticos y gerenciales, por ejemplo. Antes se peleaba por el derecho al voto y el reconocimiento como un igual ante los hombres, hoy se pelea por el derecho a la libre interrupción del embarazo y metas de similar envergadura que hacen quealgo como querer manejar un automóvil propio parezca una nimiedad.

Sin embargo, siempre hay espacios de excepción. En un país del mundo todavía se niega a las mujeres una posibilidad de desarrollo: en Arabia Saudita las mujeres no pueden manejar. Y no porque esté prohibido por ley, sino porque la religión no lo permite.

Dentro de unas dinámicas sociales, en Arabia Saudita la mujer se ve limitada, por asuntos religiosos, a hechos que van desde exhibir su cuerpo hasta manejar. Por eso, el sábado pasado veinticinco mujeres tomaron el volante para desafiar esta prohibición.

Lideradas por Mai Al-Swayan, una investigadora y activista vinculada con los temas económicos y de políticas públicas, estas mujeres salieron a manejar, se grabaron videos y convirtieron esos archivos audiovisuales en un fenómeno viral 2.0. El resto del planeta se enteró, gracias a internet y las redes sociales, que en Arabia Saudita las mujeres no podían manejar y otros asuntos mediante testimonios como el de la blogger y escritora Tamador Alyami.

Hace unos días salió en redes sociales un video titulado “No woman, no drive”. El protagonista del video cuenta que mientras vivía en Estados Unidos escuchó la famosa canción de Bob Marley y decidió hacer su propia versión inspirada en su cultura. Para muchos, el video forma parte de la protesta iniciada por Mai Al-Swayan y es una manera irónica de burlarse de quienes aún piensan que en pleno siglo veintiuno las mujeres no deben conducir absolutamente nada.

Para otros cibernautas, este video representa un irrespeto, pues al leerlo literalmente (sin la carga irónica con la cual lo han recibido los entusiastas), la versión del clásico de Bob Marley apoya que las mujeres no manejen. En todo caso, Alaa Wardi (como se identifica el personaje del video) no lo deja claro y esto estimula una interpretación del fenómeno individual, algo que parece estar en coincidencia con lo defendido por Mai Al-Swayan: pensar por sí misma y conducirse mediante ideas propias. Incluso en internet.

Por: Lau Solórzano
@LauSolorzano
Politica | Opinión
Diplomacia | Cancillería
Judicial | Cárceles
http://debilidadesyvicios.com
Viernes, 1 de Noviembre 2013

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LUIS ALFREDO RAPOZO: La tusa de María Castaña

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LA TUSA

“Tal como sucedía en las
bodegas del siglo XIX
“

 

Fue en la urbanización San Luís, en Caracas, donde los vecinos, por primera vez se observaron y participaron en una cola como de 500 metros de mujeres de clase media fundamentalmente, frente a un supermercado que estaba vendiendo leche en polvo.

Mi amigo Ramón Estrella, me dio la información en medio de una indignación muy grande, pues en cierta forma, en cualquier parte del Este de la ciudad se podía conseguir alimentos, sin pasar por el sufrimiento de hacer colas, sin pasar por la humillación tercermundista de estar pendiente, que no se acabe la mercancía y que nadie se burle del respeto, haciendo trampas en la adquisición. En fin, se perdió el glamour en la zona y todos los vecinos se encontraron con la realidad del desabastecimiento, como si estuvieran en medio de la calle, entrándose a golpes para adquirir un kilo de leche, tal como sucede en sectores populares, carentes de establecimientos óptimos que expendan alimentos.

Eso se está viendo tan a menudo, que es normal ver los sábados, una cola kilométrica en zonas de clase media, bajo el sol terrible del medio día; para tomar un turno frente a un camión estacionado en la vía, vendiendo cualquier cosa. ¿Acaso, esto será la rutina del venezolano, en los cuatro puntos cardinales del país?-se pregunta uno-.

Yo le decía a mi amigo Johny Ascanio, un antropólogo versado en la comunicación a través de redes sociales, “…que ya se está viendo en la provincia, la venta de cucharadas de leche envueltas en un papelito, como sucedía en los años sesenta, cuando mi mamá me mandaba a comprar papelón, azúcar, arroz y hasta harina, tal como sucedía en las bodegas del siglo xix, en cualquier caserío, pueblo, o ciudad.”

Es decir, que se está observando un profundo deterioro en la distribución de alimentos, sin duda. El gobierno no tiene la organización necesaria para llevar los pocos productos que trae a toda la población. Tan así es la cosa, que los pocos alimentos se venden como si uno fuera parte de un grupo de pollitos, a quienes se les avienta al aire el alimento y los pobres animalitos comerán lo que puedan de acuerdo a sus facultades de sobre vivencia.

Entonces, es una realidad desagradable la que estamos viendo nacer en estos momentos, dejando a un lado el confort, la atención personalizada en las carnicerías, la buena presentación de los alimentos y hasta la sanidad en su máxima expresión como si viviéramos en un pueblo africano, donde la tecnología y l a salubridad brillan por su ausencia.

De esa manera, mi amigo Ramón Estrella, me hizo acordar de aquellos años vividos a principios de los años sesenta, cuando se vendía el detergente en bolsitas o “papeletitas” de 200 gramos de detergente, café, sal, azúcar o cualquier condimento, etc., por la baja capacidad adquisitiva de la gente; cuando se vendía el vinagre, el aceite y el kerosene en botellitas, que uno misma llevaba a la bodeguita; cuando los productos venían sencillamente empacados y con poca variedad de marcas.

Uno siente que el socialismo, o lo que sea que tenemos como sistema actual, nos está llevando atrás de nuevo, a los tiempos de María Castaña, cuando usábamos la tusa , en el baño.


Por: Luis Alfredo Rapozo
Politica | Opinión
luisrapozo@yahoo.es
@luisrapozo

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THAYS PEÑALVER: Pana, no seas chavista por abstención

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el abstencionismo

Una verdad que nadie
quiere escuchar
..

 

■ ¿Eres de los convencidos de que el chavismo nunca fue mayoría y siempre te robaron las elecciones? ¿Estás desmotivado y crees que lo van a hacer de nuevo? Tienes razón, en parte.

Fíjate bien, el chavismo nunca fue mayoría y aunque te moleste, nosotros tampoco. Permíteme que te cuente algo, Chávez ganó su primera elección en 1998 con apenas 3,6 millones de votos porque los abstencionistas fueron 4 millones. Así que Chávez llegó por culpa de quienes se abstuvieron de votar.

El resultado de las encuestas de opinión a 6 meses de esas primeras elecciones daban a “Irene con 36%, a Chávez 21%, Claudio 14% y Salas R. 9%” así que de nuevo tienes razón, el 79% de los votantes no querían a Chávez. Pero los “viejos políticos” se dedicaron a utilizar a la justicia para acusar a todo candidato que saliera en las encuestas (menos a Chávez) y durante la precampaña consignaron 51 denuncias de corrupción contra sus propios candidatos.

Viéndolo hoy en retrospectiva, aquella vieja política dejaba a Chávez como el candidato más serio, mientras ellos masacraban a quien tenía oportunidades. Hay ejemplos como el de los viejos políticos que advertían a sus propios electores que “Irene era más peligrosa que Chávez” mientras le abrían averiguaciones judiciales por corrupción, patrocinadas por ellos mismos. Así que tienes razón, Chávez jamás ganó la presidencia por contar con la mayoría, ganó por lo que Manuel Caballero conceptualizó como “el canibalismo político”, unos idiotas que se acusaban entre sí a través de la “Justicia de Titulares” sin saber que se estaban suicidando. Tampoco repitió en el 2000 porque tenía mayoría, de hecho, bajó en preferencias (1,3% menos de votantes registrados) porque 5 millones prefirieron de nuevo quedarse en sus casas, asqueados por el salvajismo de esos viejos políticos que enloquecidos continuaban aniquilando la democracia.

Entonces ocurrió el “milagro económico”, el atentado de las Torres Gemelas terminó con un Medio Oriente en llamas y el barril pasó de $18 a $75 en la siguiente elección y Venezuela se emborrachó nuevamente de un bienestar ficticio. Así que cuando votamos en 2006, la liquidez en la calle había subido de Bs. 12 a 144 trillones y eso fue una hemorragia de dinero nunca vista. Las importaciones subieron de $13 a 36 millardos y la locura fue tal, que uno de cada 20 venezolanos viajó a Europa o a Disney, mientras la Rolls Royce explicaba que vendía más carros aquí que en toda Suramérica y las marinas se desbordaron de yates. ¿Quién podía en esas condiciones alertar que venían el “comunismo” o la “dictadura”? ¿Cómo, si millones raspaban 5 mil dólares en los Mall o en París? Eso era sencillamente imposible.

Ahora te cuento esta verdad que nadie quiere escuchar, el presupuesto de Venezuela pasó de $18 a $40 millardos y el cheque de las Misiones, representó un argumento para reírse de un cuerpo político opositor en plena transición, que no le explicaba al elector las razones por las que Chávez estaba errado, sino que le ofrecía paradójicamente las mismas políticas de Chávez subastando los votos con el “quien da más”, en un país en el que “más vale pájaro en mano que cien volando”. Así que moleste o no, en 2006 tampoco fuimos mayoría, porque ésta, de nuevo no votó. Por no hablar cuando el barril pasó de $75 a $150, el dinero se multiplicó por 10 y el presupuesto pasó de $40 a $80 millardos. ¿Mayoría? No, mi pana, eso lo inventaron los mismos que permitieron que Chávez llegara al poder.

¿Que hay errores? ¿Que no te gusta uno u otro candidato? Te pregunto: ¿Porque no te guste como juega un equipo, va a dejar de gustarte el fútbol? Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta que todo ha cambiado? ¿Que hasta Chávez se murió? Pues con él murió también el siglo XX, porque todos los expresidentes de ese siglo están muertos (queda uno). Así que ya no hay referentes que no sean historia contemporánea y los responsables de haber puesto la torta en el pasado fueron expulsados de la política del siglo XXI. En 2012 se acabó la excusa, porque el cuerpo político es completamente nuevo, salvo paradójicamente algunos ancianos que agonizan en un chavismo que política y programáticamente, representan el pasado.

Hoy presenciamos los últimos estertores de un pasado moribundo y de un sistema que colapsó. No porque Chávez fuera comunistoide (que lo era) sino porque creó un estado de bienestar ficticio, basado en los transitorios precios del petróleo y que hoy colapsa en las manos de un heredero a quien 700 mil chavistas o más rechazan. Así que si sales a votar el 8D y Venezuela amanece multicolor y no roja, gracias a ti terminará más rápido esta etapa. Pero si te quedas en casa y amanece todo rojo, el mundo creerá que el chavismo sí es mayoría y tendrás que calártelo más tiempo, pero la culpa será ahora solo tuya, porque no hay nadie más a quien culpar.

No le tengas tanto miedo a la libertad, dale una patada al pasado, deja ya de mirar atrás y recupera a tu país.

Por: THAYS PEÑALVER
tpenalver@me.com
@thayspenalver
www.temas-debate.com
EL UNIVERSAL
jueves 31 de octubre de 2013




CORRUPCIÓN: Cinco deportistas detenidos por fraude a Cadivi

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La mañana de este jueves el ministro de Interior Justicia y Paz Miguel Rodríguez Torres, ofreció declaraciones en referencia a las investigaciones que se llevan a cabo en 5 casos de corrupción.



La mañana de este jueves el ministro de Interior Justicia y Paz Miguel Rodríguez Torres, ofreció declaraciones en referencia a las investigaciones que se llevan a cabo en 5 casos de corrupción.
La mañana de este jueves  Miguel Rodríguez Torres, ofreció declaraciones en referencia a las investigaciones que se llevan a cabo en 5 casos de corrupción.

Rodríguez Torres asegura
que hay cinco detenidos

 

■ Trámites Cadivi para deportes a motor están congelados.

■ Libran 48 órdenes de aprehensión por irregularidades con remesas de Cadivi.

■ Pilotos recibían casi 30% del total de certificaciones Cadivi de Mindeportes.

■ Analizan las operaciones realizadas por la comunidad libanesa en Venezuela y que proseguirán con las remesas enviadas a Colombia y China.

■ Aseguró además que existen 31 expedientes abiertos en la cartera deportiva, de personas vinculadas a la falsificación de la firma de Alejandra Benítez vinculados con la estafa de 60 millones de dólares.

■ A mediados de octubre, la ministra del Deporte, Alejandra Benítez, informó que la fiscalía general investigaba un millonario fraude en la venta de dólares a pilotos venezolanos que compiten en el extranjero y que habrían utilizado documentación con firmas de autoridades falsificadas.

Caracas.- El ministro de Relaciones Interiores Miguel Rodríguez Torres, dio hoy algunos nombres de las personas implicadas en el caso de fraude en la adquisición de divisas en el Ministerio del Deporte.

Rodríguez Torres, dijo que “hay personas que vieron en Cadivi una fuente de enriquecimiento rápido y fácil”.

Aseguró además que existen 31 expedientes abiertos en la cartera deportiva, de personas vinculadas a la falsificación de la firma de ministra del deporte Alejandra Benítez que estarían vinculados con la estafa de 60 millones de dólares.

El ministro aseguró además que e Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) capturó a los ciudadanos Nicola Troisi, José Ferraz, Paúl Díaz ,Paolo Andreasi y Justino Azcarate, quienes estarían vinculados de forma directa en el caso.

“Capturamos en flagrancia a estas cinco personas que fueron a introducir expedientes con firmas falsificadas de la ministra para el Deporte, Alejandra Benítez y dos funcionarios más del referido despacho, que son los que autorizan los avales para la tramitación de divisas que se le asignan a atletas de alta competencia que representan a Venezuela en competencias en el exterior”, explicó.

Justino Azcárate y Fernando Baíz se vuelven a juntar para participar este fin de semana en las 6 Horas de Bogotá, el evento automovilístico más importante de Colombia.
Justino Azcárate participa en los eventos automovilísticos más importante de Colombia.

Pese a que las investigaciones se han adelantado en el despacho deportivo, ningún funcionario del alto gobierno ha dado información alguna del caso del funcionario arrestado en Bulgaria con un maletín con 407 mil euros en efectivo.

En el caso de la moneda estadounidense, Cadivi la vende a 6,30 bolívares por dólar, tasa que puede ser siete y ocho veces superior en el ilegal mercado paralelo, lo que ha derivado en todo tipo de comportamientos fraudulentos para la obtención del dólar a precio oficial con el fin de revenderlo en la calle.

Los deportistas obtienen fondos para viajar al exterior o entrenarse fuera de Venezuela con el aval del Ministerio del Deporte.

Rodríguez Torres agregó que “en los próximos días” informará sobre el desarrollo de la investigación, en la que anteriormente confirmó la detención del automovilista Paolo Andreasi, del equipo Kessel Racing en la GT3.

Libran 48 órdenes de aprehensión:

El ministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, informó que las autoridades han librado órdenes de captura contra 48 personas por su presunta participación en envíos irregulares de remesas de dólares oficiales.

El funcionario explicó que se están investigando las operaciones que ha realizado la comunidad libanesa en Venezuela, en especial desde el estado Nueva Esparta, y que en los próximos días se iniciarán las investigaciones que incluirán las remesas que se envían a Colombia y a China.

En el caso de los envíos a Líbano se descubrió que Mustafá Smaili forja expedientes desde hace tres años para tramitar las remesas familiares que autoriza la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). Hasta los momentos se ha detectado que los envíos irregulares realizados por Smaili suman unos 25 millones de dólares. Hasta los momentos, señaló Rodríguez Torres, se ha comprobado que los dólares fueron destinados a 762 personas que recibieron unos 300 dólares cada una.

Los documentos se forjaron a través de las empresas Raji Store, Samara Fashion, Imp. Andrineda, Samara Pueblo, Éxito Center, El Fuerte CA, Oscar Shop y Axn Shop. Las remesas se tramitaron a través de Italcambio, operadora que contribuyó con la investigación y con la entrega de los expedientes irregulares a las autoridades, según manifestó el ministro.

Estos son los pilotos detenidos:

Pilotos recibían certificaciones de Cadivi:

Los deportes a motor fueron beneficiados con casi 30% del total de certificaciones Cadivi que se firmaron entre finales de 2011 y mediados de 2012 en Min-Deporte. Así lo revela la revisión de los tuits de Héctor Rodríguez, ex titular de ese despacho, quien solía informar cuando otorgaba avales técnicos a los proyectos que se le presentaban para acceder a divisas al cambio oficial .

A falta de cualquier registro oficial disponible para conocer el comportamiento de las certificaciones, y sin que el timeline de Rodríguez sea garantía de que los tuiteados fueran el total de los aprobados, de los 217 avales de cuya firma se informó entre el 2 de noviembre de 2011 y el 6 de junio de 2012 (cuando Rodríguez dejó de comunicar a través de la red social sobre ese concepto), 62 beneficiaron a deportes a motor, más que cualquier otra disciplina.

Ernesto Viso, piloto de Indycar, es el más beneficiado por los avales, con 10, al menos entre los que se informaron a través de Twitter. Uno fue otorgado el 13 de enero, siete el 13 de abril y dos el 21 de mayo, todos durante 2012. Nelson Canache y Alexander Popow le siguen en la lista, con cuatro aprobaciones cada uno. Al primero se le autorizaron divisas para tres categorías: Sport Car, MX5 y Arca. Por su parte, a Popow se lo apoyó en cuatro clases: Prototipos Daytona y Cooper Tires, Nascar y Ferrari Challenge.

Aunque Rodríguez acompañaba en ocasiones sus tuits con los montos aprobados, entre los deportes a motor solo dos trinos incluyeron cifras: los 973.650 dólares que le fueron aprobados a Nelson Canache el 24 de noviembre de 2011 y los 998.816 euros para la participación de Valeria Caraballo en Euro Open, firmado el 27 de enero de 2012.

Más temprano:

El gobierno de Venezuela ordenó congelar todos los desembolsos de divisas para pilotos de automóviles y motocicletas que compiten en el extranjero mientras se investigan supuestos casos de corrupción.

El ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, mayor general Miguel Rodríguez Torres, indicó que detectaron “situaciones irregulares” en la estatal Comisión de Administración de Divisas (Cadivi), entre las que destacan la solicitud de dólares para importar equipos que nunca llegan al país o “gente que piden recursos para actividades deportivas que son ficticias o sobrepreciadas”.

“Cuando algo se corrompe, siempre hay dos actores, el que corrompe y el que se deja corromper. Contra ambos actuará la ley con contundencia”, dijo a AP, Rafael Ramírez, ministro de Petróleo y vicepresidente para el área económica.

La ministra del Deporte, Alejandra Benítez, indicó que los requerimientos de divisas de los pilotos volverán atenderse “cuando termine la investigación” y estos se ajusten a las normas legales.

En veremos:

Entre los que estarían siendo afectados por el congelamiento en la entrega de dólares se encuentra Ernesto José Viso, piloto de la categoría IndyCar en Estados Unidos, quien canceló este fin de semana su participación en la última carrera de la temporada en Fontana, California. Viso está en la lista de “incapacitados”.

La mayor parte del patrocinio de Viso es aportado por PDVSA, la empresa petrolífera estatal venezolana, a través de su filial estadounidense CITGO.

PDVSA patrocina asimismo a Pastor Maldonado en la Fórmula Uno, mientras que la empresa de telecomunicaciones CANTV patrocina a Milka Duno en la serie ARCA.

La estatal petrolera no se ha comunicado sobre la medida que se tomará con el piloto criollo de la Williams, durante la investigación.

Real parejo:

250 millones de dólares es el valor del contrato de patrocicio de PDVSA con la escudería Williams de Pastor Maldonado, convenio que va desde 2011 hasta 2015.

98 % de las divisas aprobadas para el deporte venezolano fueron destinadas a las disciplinas a motor.


Por: Redacción/R24
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EL UNIVERSAL
jueves 31 de octubre de 2013




ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA: La Torre de David y la Olympic Tower

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La Torre de David y la Olympic Tower

 metáforas de la inmundicia

 

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un largo y enjundioso reportaje del gran periodista norteamericano John Lee Anderson (El poder y la torre) publicado en el prestigioso New Yorker desveló una de las más aberrantes contradicciones del llamado Socialismo del Siglo XXI: la degradación arquitectónica, social y política de un imponente edificio en construcción, iniciada en pleno centro de la ciudad en los preámbulos de la feroz crisis que desembocara en el asalto al poder del neofascismo chavista, convertido por mor de la explosiva irrupción de la marginalidad en todas las esferas de la vida social venezolana, inducida consciente y sistemáticamente por el golpismo militarista, en un bíblico hacinamiento del lumpen caraqueño. Nos referimos a la tristemente célebre Torre de David.

Su nombre no deriva del Rey David, de la fundación de Jerusalén ni de la construcción del célebre templo, sino del banquero David Brillemburg, que proyectara su construcción en los años 90s. Motivado por la voluntad ascendente del liberalismo puesto en acción por Carlos Andrés Pérez y esperando todos los frutos de la modernidad que éste creyera lo sacaría en hombros de Miraflores, de modo que por supuesto proyectó un helipuerto en sus alturas. Lo de “Torre de David” adquiere, sin embargo, el bíblico sesgo de esta auténtica Torre de Babel de la indigencia más menesterosa y marginal, ubicada por la degradación de la sociedad venezolana en la zona de sombras de la miseria y la criminalidad en que un teniente coronel golpista perteneciente a las Fuerzas Armadas hundiera al país que jurase defender con su sangre. Asaltado por bandas organizadas tras el baluarte rojo rojito de los adeptos al caudillo y sometida a una disciplina carcelaria, se hacinan en sus espacios cientos de familias, como en una película de ciencia ficción post devastación atómica. Sólo falta una lideresa tipo Tina Turner y un PRAN corporeizado por un Mel Gibson en alpargatas para tener una versión buñuelesca y olvidada de Mad Max 3. Todo está permitido en este antro de la desolación imaginado por el viceministro para la Felicidad Suprema, el último invento de los guionistas del G-2. Traficar drogas, asesinar conciudadanos y violar mujeres. Ser de oposición está castigado con la pena de muerte. Significa traicionar los preceptos del Semidiós que reposa, encerado y partido en dos, en los umbrales de la eternidad de plastilina del llamado “Cuartel de la Montaña”.

Es la cara real del feroz accidente histórico que ha devastado a la Venezuela de la modernidad. Es la idílica imagen del infierno que nos tienen prometido. El caos, la anomia, el hacinamiento, el irrespeto, la transgresión, la miseria y el desprecio a todo principio ético y moral. En donde los derechos humanos se reducen a masticar, digerir y excretar. A copular y a esnifar. Todo lo demás es superfluo.

2

Es el máximo logro posible de la utopía chavista, para los de abajo. Cuya lumpenaristocracia puede acomodarse en unos satíricos apartamentos de lujo sitos en la Avda. Libertador, en donde, como en el tango: “no hay portero ni vecinos”. Ni muchísimo menos baños privados y ascensor. Haz como puedas. El colmo del socialismo que un militar golpista y sus esbirros son capaces de imaginar.

En el otro extremo del abanico de este despliegue inmisericorde de la criminalidad política en la que la Venezuela independiente medio se ha habituado a revolcarse en gran parte de su historia, pero con particular denuedo desde que sus notables e intelectuales orgánicos decidieran liquidar la frágil democracia que sufrimos, está la Olympic Tower de Manhattan, uno de los condominios horizontales más lujosos, representativos y exclusivos del planeta. Ergo: del universo. En donde un Pent House con vista privilegiada a la Gran Manzana puede costar, en oferta de liquidación y de segunda mano, 14 millones de dólares, sus baños pueden estar provistos de grifería de oro 18 quilates y en donde puedes defecar mientras atiendes a un subgerente de una de tus empresas de asesoría financiera o a uno de tus brokers predilectos sentados en una cómoda poltrona de fino cuero blanco de alto diseño. Mientras tú, el que en ese espacio – como se decía en el pasado remoto – eres el que más mea, te ocupas de tu higiene personal. Como en los baños de Caracalla o en aquellos en donde Augusto, Nerón o Adriano defecaban al aire libre departiendo con sus senadores, generales y efebos dilectos. “Animula, vagula, blandula…”

En ese dechado del lujo más bizantino se acaba de comprar el más exclusivo de sus apartamentos – otrora dilecto llegadero newyorkino del naviero Aristóteles Onassis y su consorte, la viuda del presidente John F. Kennedy, cuyas esencias orientales seguramente flotan por sus pasillos con la insoportable liviandad del ser multimillonario – un muchacho venezolano que, dicen los rumorosos, no llega a los 30 años. Invirtió en esa compra, como al desgaire, casi ariscando la nariz a lo Antínoo, el favorito de Adriano, el equivalente al salario de un trabajador venezolano que hubiera guardado religiosamente los pagos por sus sacrificados servicios durante 3 mil años, si se les calcula a dólar oficial, y más de 30 mil años, si se le calcula a dólar libre. Como diría el filósofo de Maracaibo: una burusa.

3

A la misma pandilla de lampiños agalludos que todavía no se empinan por sobre la edad de Cristo y ya son multimillonarios en euros, yenes o y/o libras esterlinas, si es que no es el mismísimo personajillo bien vestido, bilingüe, analfabeta y ambicioso como el Gran Gatsby que duerme entreviendo el mismo paisaje que acompañara a Jackleinne Onassis, pertenece el comprador de un coto de caza sito en los alrededores de Toledo, el del Alcázar asediado durante meses y meses por las tropas republicanas hasta que apareció Franco con sus salvajes Mamelucos – cosa de la que el cagaleches en cuestión no debe tener la más mínima idea – comprado en la friolera de 27 millones de Euros. Para cazar vaya a saber Dios qué tipo de fauna de la vieja y quijotesca Castilla, visto que nació entre lapas, chigüires, cachicamos y tragavenados. Incluso entre perros callejeros, que ninguno de ellos pertenece a la godarria venezolana. Son el clásico producto de esta revolución indigna: vulgares pelabolas de la clase media más media dispuestos a robarse el caballo del escudo y vendérselo al contralor general de la República. Que a cambio de la comisión no le haría el menor asco. Man speaks english.

No sabe ese esclavo del socialismo del siglo XXI que corre desesperado detrás de un cuartico de leche, un rollo de papel confort y una pechuga de pollo a medio podrirse, que con sus votos, su ignorancia y su veneración a un farsante que siguió la carrera militar para traicionar a su Patria y entregarla a las voraces fauces de unos tiranos caribeños, ha financiado esa locura digna de un delirante personaje de Scott Fitzgerald. Visto en tesitura seudo democrática: que los millones de hacinados en la indigencia del chavismo que se matan unos a otros por un paquete de harina pan hacen posible que una pandilla de aristócratas de San Agustín, ladrones y sinvergüenzas puedan vivir las fantasías de las Mil y Una Noches, defecarse sobre los sagrados nombres de nuestros mayores y ofender la fama y el prestigio de la República en un mundo que nos contempla con sorna, con desprecio y con maledicencia. Hay que ser bien venezolano para soportarlo en silencio.

De la obscena cópula de esas metáforas – la inmunda, oscura y mal oliente Torre de David y la deslumbrante, sofisticada y resplandeciente Olympic Tower de Manhattan – está hecho el yugo de la Venezuela ultrajada. Aquí, en la Andrés Bello, cerquita de donde comienza el romance de la miseria con la pobreza y la indigencia con el estupro se amontonan en la tenebrosa oscuridad del vicio y la prostitución los ejércitos que soportan la desfachatez y el desacato del militarismo golpista. Allí, entre las nubes de la Gran Manzana, algún ladronzuelo, algún granuja de medio pelo esparce su confeti de millones y millones de dólares estrujados del ancestral sufrimiento de un pueblo de desesperados.

¿No es digno de un filme post apocalíptico dirigido por George Miller y George Ogilvie, con las estelares actuaciones de Tina Turner y Mel Gibson? ¿No es natural que Chávez reencarne en los albañales de Caracas como imagen en los ojos de una rata? Bien lo dijo SS Francisco: empobrecen para q los indigentes los voten y eternicen la indigencia. Son unos monstruos. No tendrán perdón ni olvido.


Por: Antonio Sánchez García
sanchezgarciacaracas@gmail.com
Politica | Opinión
Oposición | MUD
@sangarccs
jueves 31 de octubre del 2013




ElPaís.es: ‘Homeland’ en Caracas

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De manera extraoficial se conoció que la Policía Nacional Bolivariana, Guardia del pueblo y el Comando Nacional Contra Extorsión y Secuestro estarían realizando allanamientos en la Torre de David en Sarria.



La Torre David es un reflejo del exterior y la muestra de la indiferencia oficial y no es un hecho único ni aislado.
La Torre David es un reflejo del exterior y la muestra de la indiferencia oficial y no es un hecho único ni aislado.

‘Homeland’ en Caracas

 

Un capítulo de la serie estadounidense recrea el ambiente de la Torre de David, un edificio-zigurat inconcluso y lleno de okupas que refleja las carencias de Venezuela.

Que el marine estadounidense Nicholas Brody aparezca en Catia La Mar, en el litoral central venezolano, parece una alucinación. No lo es. El tercer capítulo de la tercera temporada de Homeland fue filmado en Puerto Rico y simuló una locación venezolana que supera la imaginación del guionista más creativo. Se trata de la Torre David, un zigurat inconcluso por la crisis financiera de 1994, y que sirve de morada a varias familias que no tienen donde vivir.

No viene al caso contar cómo ese edificio, construido en una época en la que Caracas prometía seguir creciendo como una urbe pujante y moderna, fue invadido por okupas y está controlado por un exdelincuente reconvertido en pastor evangélico. Lo que interesa para los televidentes en Venezuela no es incluso la trama de la serie que protagonizan Claire Danes (Carrie Mathinson) y Damien Lewis (Nicholas Brody), sino por qué ese edificio se ha convertido en una pertinente postal de la era chavista.

Repasemos el capítulo: Brody llega mal herido a Catia La Mar –una escena, por cierto, muy mal lograda. La ciudad no tiene costas vírgenes como la mostrada– y es llevado en una camioneta hacia Caracas, que en la vida real está a media hora de camino. El hombre está huyendo. Su cabeza tiene precio. Diez millones de dólares. Al final de la segunda temporada explota una bomba colocada en su coche mientras se desarrolla el funeral del vicepresidente de Estados Unidos.

Con los ojos entrecerrados Brody puede entrever el desorden y el caos de una ciudad donde lo provisional suele ser eterno. La camioneta se detiene en un sótano oscuro, pobremente iluminado, donde hay un catre y pinzas de las que se utilizan en los quirófanos para tasajear a los pacientes. El doctor Graham (Todd Erik Dellums) introduce una de esas herramientas en una herida que vomita sangre hasta extraer la bala. Un niño y una chica, que fungirá a lo largo del capítulo como su enfermera, se encargan de vendar a Brody y cuidar de él hasta que amanece.

"Con los ojos entrecerrados Brody puede entrever el caos de una ciudad donde lo provisional suele ser eterno". Fotograma del capítulo de Homeland ambientado en la Torre de David.
“Con los ojos entrecerrados Brody puede entrever el caos de una ciudad donde lo provisional suele ser eterno”. Fotograma del capítulo de Homeland ambientado en la Torre de David.

El marine Nicholas:

Cuando eso ocurre el marine estadounidense no sabe dónde está, pero de inmediato parece alumbrado por la limpia luz de esta ciudad. Desde las bases del edificio vemos el cerro Ávila, los pedazos de vegetación que no han sido colonizados por las construcciones, y el horizonte de una ciudad deteriorada que tiene en la Torre David al espejo de su propia destrucción. De eso parece darse cuenta Brody en las líricas escenas que se muestran a medida que recupera el vigor, mientras camina por pasillos en obra limpia, que dejan ver el interior de apartamentos con paredes sin friso ni ventanas, a niños corriendo o a una pareja haciendo el amor. ¿Cómo es posible que en esta bella ciudad también pueda ocurrir semejante caos?

“Es un loco edificio venezolano”, responde el médico Graham mientras retoca el vendaje de Brody en su apartamento en el que destaca un enorme mural de Hugo Chávez con barba, como si fuera el Jesucristo del lugar. “La llaman la Torre de David. No es por el Rey David, Dios no lo quiera. Es por David Brillembourg, el banquero ególatra que la encargó. Desafortunadamente David murió antes de que se terminara y luego toda la economía murió. Se detuvo la construcción, llegaron los okupas y voila”. Es una escena memorable porque alude de frente y sin miramientos a la situación venezolana. Brody pregunta: “¿Y por qué estás aquí?”. Graham responde: “Porque este es el lugar que nos acepta”.

Los excluidos que residen en la Torre David están inapelablemente retratados en esta última frase. Aventados por los altos costos de los alquileres, la falta de oferta y una precaria situación económica, las personas que no tienen dónde vivir fueron ocupando esa torre desde 2001. Es un lugar colonizado por ellos y por tanto sometidos a sus leyes. Bien lo describe la escena donde el jefe del edificio le entrega el pasaporte que le habían robado a Brody. Cuando el marine identifica a la persona responsable, presente en la escena, el líder da la orden de que lo arrojen al vacío.

El gobierno apenas se dio por enterado de la transmisión mediante una columna de opinión publicada en la página web del Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (Sibci). La nota reclamaba que no se reseñaran los íconos arquitectónicos o naturales como se hace en otras ciudades. Se trata de una respuesta que revela la relación del venezolano con su país. Solemos reconocernos en los monumentos naturales pero no en nuestras creaciones culturales. “Sus directores van directamente a la Torre, que intentan colocar como el nuevo símbolo de la capital venezolana”, continúa el artículo. “¿Qué razones hay para que Venezuela aparezca en una serie que el presidente Obama abiertamente apoya y anima a ver, y que cuenta con el respaldo y el apoyo de la CIA? ¿Es una especie de preparación para que el pueblo estadounidense justifique cualquier agresión a nuestro país? El tiempo lo dirá”, concluye el texto.

Se desconoce cuántos venezolanos vieron el capítulo transmitido el lunes 21 de octubre en horario estelar por la cadena Fox. Pero sí se diera el milagro de que todos estuvieran esperándolo su emisión como un partido entre Caracas y Magallanes en la liga local de beisbol, apenas la cifra llegaría al 52,3% de los hogares. Los datos del regulador Conatel corresponden al cierre del segundo trimestre de 2013. A eso hay que sumarle que más de 600.000 usuarios no pagan el servicio. Una cantidad por la cual no vale la pena que el gobierno haga un escándalo y provoque, entonces sí, que todo el mundo quiera ver la peor versión que ofrece este país.

El diario español El País reveló el pasado 20 de septiembre que “los actores, guionistas y el director de (Homeland), una de las series de más éxito que adoran desde Barack Obama hasta Bill y Hillary Clinton, han estado visitando la sede de la CIA en Virginia. Sí que se ha sabido que hubo una reunión de alto nivel a la que asistió el director de la CIA John Brennan. ‘Hubo muchas preguntas, pero no lo voy a contar’, ha dicho Claire Danes, la protagonista. Los productores de la serie sí desvelaron que en la sala de proyecciones de la agencia mostraron el primer capítulo de la tercera temporada que está a punto de estrenarse. Y es que cuando en un país como Estados Unidos se produce una serie cuya trama principal es la CIA y su lucha contra el terrorismo islámico es muy probable que, sin darse cuenta, la realidad supere a la ficción e influya en el rodaje”.


Por: Alfredo Meza
corresponsal en caracas
Politica | Opinión
Elecciones Sufragio2013
jueves 31 de ocubre, 2013

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JESÚS ELORZA: Glorioso ñemeo

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FUNDACIÓN GLORIAS DEPORTIVAS DE VENEZUELA

Deportistas quedaron “como
pajaritos en grama..”

 

El viernes por la tarde, el despelote en el Ministerio del Deporte era total. En un mar de confusión, todos se preguntaban ¿Por qué suspendieron los IV Juegos Nacionales de las Glorias Deportivas? Los integrantes de la delegación de la Región Capital que estaban montados en el autobús listos para trasladarse a la ciudad de Maracay, anfitriona de los juegos, no conseguían a nadie que les explicara la violenta decisión de la suspensión.

Como es eso, se preguntaba una delegada, si ayer elegimos a la reina del evento en la Ciudad Jardín y hoy nos dicen que la competencia ha sido cancelada.

Cuando, los atletas, vieron salir a los representantes del Comité Organizador que estaban en una reunión con las autoridades del Instituto Nacional del Deporte (IND), enseguida los rodearon y la pregunta era una sola ¿Qué pasó?

Bueno, dijo uno de los organizadores, queremos informarles que los juegos temporalmente han sido pospuestos para una nueva fecha…. ¿Por que? fue la unánime respuesta.

Es que hay una discrepancia en torno al presupuesto del evento.

Coño, pero se vienen a dar cuenta cuando solo faltan 24 horas para la inauguración, dijo uno de los atletas que ya estaba medio arrecho…..explícate mejor, fue su exigencia.

Resulta, que el presidente de la Fundación Glorias del Deporte sin consulta previa al Comité Organizador, le presentó al IND un presupuesto para el evento en el orden de ¡¡¡Ocho mil quinientos millones de bolívares!!! Que servirían para atender a los más de ¡¡¡Seis mil atletas participantes!!! en los gastos de transporte, alojamiento, alimentación, viáticos, premiación y pago de personal técnico……y cual es el peo, repreguntó el atleta arrecho.

Nada más y nada menos, que el presupuesto que presentó el Comité Organizador anda por el orden de los cuatro mil millones, lo que da un gigantesco diferencial de 4.500 millones. Esto motivó a que fuésemos llamados para explicar el por que de dos presupuestos y la descomunal diferencia entre ellos.

Verga, allí lo que hay es un glorioso ñemeo (lucro ilegal) gritaban los atletas sumamente molestos….entre Caracas y Maracay en menos de dos horas de carretera se iban a evaporar 4 millardos y medio de bolívares….lo otro que no entiendo, gritó uno de los presentes, es como justifican 6000 participantes si las Glorias Deportivas somos solo 1500 en todo el país???????…de donde salieron los otros 4500????

Y el presidente de la Fundación ¿Dónde esta?…..no han podido localizarlo, lo están buscando, dijo el Director General del Despacho.

¿Y la Ministra, que es la presidente honoraria de los juegos?…preguntaron los atletas, tampoco esta. Se encuentra compitiendo en los Juegos de Combate que se celebran en Rusia, dijo el funcionario.

Cuando la olla del escándalo revienta, nadie da la cara, los responsables se protegen y los pendejos quedamos “como pajaritos en grama” viendo de un lado a otro sin encontrar explicaciones ni soluciones.

El teléfono de la sede del Comité Organizador en Maracay no cesaba de repicar, las delegaciones de Delta Amacuro, Amazonas, Táchira, Barinas, Mérida, Trujillo y Zulia venían en camino y no sabían si continuar o regresarse…..Nadie respondió…

Glorioso escándalo, resultaron estos juegos de las glorias.


Por: Jesús Elorza
@jesuselorza
jesuselorza.blogspot.com
Politica | Opinión
Oficialismo | Psuv
Ciudad | Caracas
jueves 31 de Octubre del 2013

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ALEJANDRO A. TAGLIAVINI: La felicidad tiene una oficína en Venezuela

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Sea feliz, ¡es una orden..!

 

■ ¿Te imaginas un ministerio de la felicidad en algún país?.

■ En Venezuela el presidente Nicolas Maduro parece haber facilitado las cosas y anuncio la creacion de un viceministerio para la felicidad suprema social de los venezolanos.

Se supone, a partir del cristianismo y los clásicos griegos, que los seres humanos somos iguales y todos de valor infinito… aunque que ni tan iguales ni tan infinitos… en fin, ¡si solo fuéramos coherentes! Algunos de los que rezan todos los días, luego apoyan guerras o conflictos, militares o civiles, que necesariamente implican la muerte… ¿no era que cada persona tiene un valor infinito porque es una criatura de Dios? ¿Cómo es que, si su valor no se acaba nunca puede, de repente, terminarse al punto de suprimirlo?

Sin llegar al homicidio, ¿no somos todos iguales, todos de valor infinito? Parece que no: unos flacos, altos; otros gordos, petisos; unos inteligentes y hasta genios; otros brutos; unos ingenieros, médicos y otros ni saben leer, así parece que unos valen más o están más “preparados”. Entonces, como no son todos iguales y no todas las vidas tienen valor infinito, cabe que los “mejores” se impongan.

A ver, una cosa es que una persona decida que no sabe reparar autos y pague el servicio de un mecánico y otra, muy distinta, es que le impongan impuestos para sostener un estado de cosas que no quiere, aunque esto lo determine la mayoría, aunque así lo estipulen las “leyes” surgidas de una supuesta “constitución” que también le impusieron. ¿Quiénes? La “mayoría democrática”, que no sería igual a cada persona sino mejor, por ello, tiene derecho a ser violenta, a imponerse vía el Estado (el monopolio de la violencia).

Viene al caso el concepto de eficiencia. ¿Qué es? Los encuestadores y los investigadores del mercado lo saben: es lo que satisface al cliente. Es decir, es el cliente, las personas, el que define la eficiencia. No es caprichoso, surge de que el orden de la naturaleza prevé que el crecimiento personal es un hecho intrínseco –como todo: nadie le dice a un árbol cómo tiene que desarrollarse– y que, por tanto, cada persona tiene la obligación de decidir su devenir. Por eso, dicen los griegos clásicos, la violencia destruye porque es un hecho extrínseco al desarrollo natural.

Así, créalo o no esta sociedad incoherente, la mayor eficiencia en el desarrollo personal y social se da cuando cada persona, igual al resto y de infinito valor, decide su rumbo. Por el contrario, toda imposición coactiva es ineficiente, y las personas intentan evadirla. Ahora, cuantos más recursos (económicos) tiene una persona, mayor capacidad para derivar las cargas fiscales hacia abajo, por ejemplo, un empresario paga impuestos subiendo precios, bajando salarios, etc.

Venezuela es un caso tragicómico. Ni alimentos quedan. En septiembre el índice de escasez llegó al 21.2% según el Banco Central, cuando lo normal sería 5%. Por eso el gobierno importará 400,000 toneladas hasta fin de año. Maduro ha decidido que la felicidad debe decretarse y ha creado el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo para supervisar los programas sociales, las “Misiones”.

O sea que hará asistencialismo con el dinero de los más pobres (que son quienes terminan pagando las cargas fiscales) pero luego de dejar buena parte en la corrupción y la burocracia. Para que no queden dudas de que “ser feliz” es una orden, Maduro profundiza la militarización. Pretende que las “milicias bolivarianas” tengan un millón de miembros en 2019 a la vez que robustece las fuerzas armadas y amenaza y violenta a sus adversarios.

*Alejandro A. Tagliavini, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.


Por: Antonio Maria Delgado
adelgado@elnuevoherald.com
@DelgadoAntonioM
Politica | Opinión
El Nuevo Herald